Ajuste de cuenta pornológica
si las confusiones de este presidente logran cada vez producir proclamas políticas de la calidad de la que nos enrostra el compañero Naranjo, no les quepa duda que esta será una presidencia confusa. Quisiera entonces iniciar esta bienvenida a la nueva membresía y a la antigua también, retomando algunas líneas que han surcado el debate interno en estos días:
1. La cuenta de Naranjo
He releído con detención la cuenta de la asamblea general. Noto que, desgraciadamente, se tuvieron que mezclar en aquella reunión dos planos que requerían de al menos una asamblea cada uno: la evaluación
de las jornadas de pornologia, y la política general del LDC (organización, investigación y edición). Me parece que por lo mismo, ninguna de estas reflexiones fue realmente conclusiva. Lo que implica que esa asamblea no ha terminado su trabajo y deberá seguir permanente abierta para la realización de las tareas que se propuso. Lo cual se puede ver también como un aspecto altamente positivo.
La cuenta requiere entonces de un desglose argumental, que divido en dos momentos, intentando dar luego por concluido en forma salomónica este "ajuste de cuenta" (ajuste que aspira siempre a restablecer justicia o justeza en la balanza contable):
-Organización del discurso:
para desarrollar mi argumento, requiero de un mínimo consenso sobre este punto: Nos faltó una discusión previa sobre el rol de los moderadores. La facción Labor De Costura que ha asumido su defensa en forma gremial no puede confundir las cosas (miren que las confusiones me ponen bien odioso): una cosa es un marco discursivo al cual aferrarse o subsumir los discursos particulares (estamos de acuerdo en que se adoptó la política de no producir tal marco a priori), otra cosa es que las mesas carecieran de coordinación como instancias autónomas de la producción de discurso. Y eso si siempre se consideró como aspecto indispensable del diálogo. Esto se resume en: presentación de los ponencistas, breve síntesis de las ideas principales de cada uno después de su ponencia, relevar aspectos interesantes de discutir antes de atribuir la palabra a la asamblea, dar o quitar la palabra según el curso de los debates, luchar contra la monopolización de la palabra, asegurarse que todos los ponencistas hayan tenido la oportunidad de desarrollar algún aspecto suplementario a su ponencia. Para esto, no se necesita un marco teórico pornológico, ni una presentación del LDC, lo que si se requiere es un intenso trabajo de apuntes durante la realización de la mesa. Por eso, no hay que confundir una política de preguntas abiertas, con una política liberal del discurso.
-Nuestra praxis política:
Quiero entonces acusar recibo del llamado a altura de miras que hace el flamante nuevo secretario de la organización, Rodrigo Naranjo, y que puede resumirse en una exhortación a la producción de una política
pornológica. En efecto, creo que la pregunta política, entendida como la crítica al Absolutismo contemporáneo, al estado de excepción que nos agobia, a la clasificación como modo y voluntad de dominación, y a la instauración de la legitimidad del mando como condición de posibilidad del príncipe moderno, esta pregunta propiamente política fue la que más hizo falta, en su registro explícitamente pornológico (tan explícito como el sexo explícito que esperaban los medios), a lo largo de las jornadas. Si se habló de política, se hizo en un
criptolenguaje, que pocos entendieron, y que no fue decriptado en base a las necesidades políticas que convocan al proyecto desclasificatorio, ni en consideración a la formulación de una estrategia pornopolítica. Algún atisbo de este cruce de registros (desclasificatorio y pornológico) se vislumbró en el debate del jueves
en la mañana. Ante la reacción de Alejandra Araya que dice: "en vez de desclasificarlo todo, hay que trabajar en los momentos de inconstitución de las clases, es decir, la infancia", plantee la posibilidad de una escritura del horror nacional, como una acción necesaria para impedir la constitución de la clase nación. Si la disolución de la nación es un proceso de desclasificación necesario, se requiere una actitud activa de desarme de esta clase para impedir su reconstitución como valor. De ahí que la historia de mi país para los niños, siendo un proyecto infantil, no puede ser visto como un nuevo misal para cierta liturgia nacionalista en modo negativo. Se trata de un charco de sangre (un charco donde también encontramos mierda, semen, pedazos de cuerpos desmembrados) y no de un vaso o una botella de un fluido puro que deberíamos beber cual cáliz de la reconciliación. El país tampoco esta definido en forma territorial o temporal, este país no tiene clase ni tiene nombre, es sólo un área que como toda área se contiene con pura violencia, y obviamente su nación se compone de príncipes del horror, que la definen y la delimitan. En este mismo debate, Nicolas Richard fue llamado al realismo, porque los cuerpos sobre los cuales él parece hablar son cuerpos metafóricos, y los cuerpos que mostraba Guillermo Cifuentes, eran, según él, "cuerpos bien reales". Ante este punto, la pregunta que habría de haber prolongado el debate (que se prolongó de hecho en los intersticios del congreso) no era: "¿cuál es la diferencia entre pornología y pornografía?", sino "¿hay cuerpos más reales que otros? ¿cuales son cuerpos reales y cuales nó?". Algo avanzamos en esa pregunta alguna vez con Naranjo: la experiencia del dolor puede ser el principio de realidad de los cuerpos, la afectación del cuerpo cuando este sufre. Ni una nación ni una raza ni una cultura sufren, y cuando parecen hacerlo, solo se trata de representantes que se hacen voceros del dolor de los cuerpos que clasifican en su interior. Los principios de una ética, que tanto resquemor produce en la honorable membresía,
deberían hurgar en ese momento en que la clasificación se vuelve violencia, y los cuerpos que la sufren se ven subsumidos en lo que Richard llama "las entelequias de una metafísica de lo humano y lo animal", metafísica clasificatoria, agregaría yo. Esta ética creo que debería alimentarse de la pregunta spinoziana: "¿que puede un cuerpo?", "¿que afecta un cuerpo?", y también basarse en uno de los principales descubrimientos de Carlos Marx: el ser humano como ser genérico se distingue del animal por su relación con la naturaleza, relación que es de trabajo sobre ella y de conciencia respecto a esa praxis. Y es en este punto que la pornologia en su sentido más clásico ofrece dos polos de sentido que no se pueden obviar: el contrato entre un dominador y un dominado (contrato donde Sacher Masoch instala la voluntad del dominado como instituyente de la relación), la voluntad
absoluta del dominador cuyo único límite es la repetición de su placer máximo (dar muerte) en la medida que esa repetición (matarlos a todos) impedirá la reproducción de su goce (no habrá más a quien matar). Creo que aquí están pornológicamente expresados las fórmulas que nos han gobernado: el Estado absolutista (o dictadura), la democracia liberal (o permanente transición, que es un contrato instituido como hegemonía y no como deseo masoquista).
Creo necesario reforzar las bases de la desclasificación sobre una filosofía de la praxis, que no sea instituyente, ni absolutista, ni contractualista. Algo que Patricia Molina Huenuqueo, una alumna de la UAHC, nueva adepta del LDC, parece bien intuir al hablar ahora de "ejercicios desclasificatorios", concepto sin duda menos metafísico
que el de los "ejercicios espirituales" del converso Ignacio de Loyola.
2. Sobre el programa pornológico
En este sentido entiendo la debilidad de nuestra posición mediática y también de nuestra organización del discurso pornologico: falta completa de conexión entre los debates hegelianos y heideggerianos con la historicidad de los disciplinamientos sociales, los modos de producción de la pornografía, y la pornologia de los modos de producción, nuestra extrañeza ante los medios de comunicación de masas, nuestra falta de reflexión acerca del mercado y de la mercantilización pornográfica, directamente ligado al problema de la historia de la porné o prostitución, como economía del don o como economía mercantil, y de ese estrecho vinculo entre la porné y la dominación, que en su forma matriarcal podría resolverse en la pornocracia. Esta reflexión nos hubiera dado bases para levantar una estrategia mas política tanto en la sociedad del espectáculo que nos exhibe como subproductos de su rutina pornográfica, como ante un publico deseoso de conocer las consecuencias y aplicaciones prácticas del análisis pornológico. Creo que pasamos al lado de muchos temas importantes, quizás los que le dan sentido a la instalación de un debate pornológico público, y no la intimidad de un debate paleopornontológico: me refiero a temas como la persecución estatal de las opciones sexuales, los casos recientes crímenes de prostitutas(os), las políticas de (anti)contracepción, la constitución de un mercado pornográfico y sus vínculos con una economía neoliberal, los aspectos pornográficos de una sociedad de clases (o los aspectos clasistas de una sociedad pornográfica), el racismo como actualización cotidiana de un régimen pornográfico disciplinario (que en la ponencia de Menard no queda claro si es un régimen estructural sincrónico o un modo de espectacularización propio del capitalismo avanzado y por lo tanto localizado históricamente), la producción criminológica de los cuerpos en un estado policial y su régimen de delación, la producción del secreto como dominación o como resistencia, como cooptación o como fuga (que en mi ponencia quedan apenas en calidad de esbozo).
En otras palabras, la pregunta se puede plantear así: ¿nuestra tarea está en desarmar los aparatos retóricos pornográficos o en acoplarse a su maquina para vernos a nosotros mismos atrapados en esas máquinas? o de otra manera ¿en que frente de la sociedad pornográfica queremos estar: en el escenario de los pornostars (que podemos ver como sujetos alienados en tanto máquinas de follar cuyo trabajo es apropiado por la industria, o cómo sujetos gozando de una corporalidad en permanente derroche orgónico que desborda o se desprende del espacio de su productividad mercantil), o en la producción del espectáculo, contribuyendo a su clasificación y desclasificación en un mercado del deseo, o en la consumición activa del tiempo y el semen por una actividad sublimatoria de masturbación diaria (¿el onanismo debe ser entendido como derroche excedentario que alcanza lo sagrado, o como alienación de las fuerzas productivas en un simulacro de dilapidación que contribuye a la expropiación de nuestra fuerza de trabajo?). Creo que ante estas preguntas, nuestra máquina se saturó en su clausura, que es una clausura del lenguaje, que es como un área cultural, como una nación, como cualquier disposición monádica y monológica del placer.
Si resumimos nuestros errores a tres planos: la fagocitación por los pornógrafos de la prensa, la inconducencia de los debates y consecuente falta de cristalización de los enunciados claves, y la fragmentación progresiva de la programación hasta llegar a un día viernes del tipo collage de última hora; y le sumamos la falta de cierre político del evento, subsanable con la producción deun documento público final (que se hace hoy más indispensable que nunca), quedamos con mucho trabajo por delante. Estos tres aspectos que se nos escaparon (que podrían haber sido mejor asumidos en las dos semanas anteriores al congreso) corresponden exactamente a los elementos que
hacen la condición pública del evento: en una reunión pornológica del laboratorio no eran necesarios, en unas jornadas abiertas con pretensiones de congreso, eran indispensables de ser tratados. De ahí la pertinencia de la pregunta instalada por el nuevo tesorero Jorge Moraga en la asamblea (pregunta que creo no figura en la cuenta): es necesario repensar completamente que tipo de instalaciones o intervenciones públicas quiere producir el LDC de ahora en adelante, insinuando que se debe operar un completo cambio de formato.
Supongo que habrá acuerdo en que no queremos una nueva disciplina pornológica, y también sobre las ventajas de una metodología de análisis pornológico. Se plantea el mismo problema que en los estudios de género, constituir un área de estudios (pornological studies) o infiltrar los métodos de análisis en todas las áreas posibles. Si la pornologia es un método de desclasificación de los regímenes pornográficos, o de un orden pornográfico de clases, hay que evitar la producción de unas nuevas reglas del método pornologico, produciendo en cambio una desclasificación de las jerarquías de legitimación de ciertas formas pornográficas por sobre otras (por ejemplo la
pornografía criminalista como ciencia noble versus la pornografía de Rocco Sigfredi o de las liceanas lésbicas como prácticas inmundas).
Aquí deberemos enfrentarnos con el moralismo de las autoridades científicas y políticas, del tipo E. Durkheim o alcaldes DC, que señalan la necesidad de respetar y reproducir en las políticas públicas el misterio moral que las religiones habían establecido en torno al acto sexual. Contra estas formas clasificatorias es que se sugirió alguna vez avanzar en la producción de un paskín del tipo La Semana Pornológica.
Finalmente, y para no tener que ahondar en responsabilidades personales, estilos lingüísticos, melancolías fratricidas, odiosidades apocalípticas y autoflagelaciones, quisiera concluir esta pregunta sobre nuestra pornopolítica, recordando que alguna vez el título de las jornadas fue: Imágenes, políticas y metáforas del cuerpo. Luego por solicitud mía, este fue cambiado a: Imágenes, políticas y clasificaciones del cuerpo. Me parece que las jornadas tal como ocurrieron no se dieron en estos registros, sino más bien en el de: Imágenes, metáforas y clasificaciones del cuerpo. Este exceso metafórico me parece haber matado la dimensión política que todos (o muchos) deseábamos darle. En mi opinión, esta sustitución de un pensamiento político por uno de tipo metafórico no debería entrampar el debate interno del LDC. Como bien respondió el compañero Maxwell a
unas oscuras metáforas del compañero Richard, al modelizar el organismo laboratorio en base a una entomología o paleontología, se cae en la reducción mecanicista, escondida tras una metáfora que aspira a metonimia. La pregunta es que clase de acción política y de instalación pública se puede lograr cuando el discurso se reconforta
en las figuras retóricas sólo descifrables por una criptología de iniciados, y que clase de estrategia consolida la profundización retórica. No es que crea ingenuamente que existen sentidos literales más legítimos o verdaderos que los sentidos amplios articulados en variedades de figuras retóricas. Pero justamente, al asumir que no hay sentidos literales, es necesario volver siempre a los contextos de la enunciación que permiten acotar un sentido (algo así como vinculaciones entre campos semánticos), favoreciendo también el salto de uno a otro. El abuso de la metáfora es lo que mata la metáfora, al producir ese proceso de idealización, que Derrida le achaca a Hegel bajo el rótulo de "mitología blanca" (idealización moralista que constituye el sentido literal o propio). No matemos entonces las metáforas, abusando de ellas, metonimizándolas o reduciéndolas a fórmulas mecánicas. En palabras más sencillas, evitemos tener que recurrir a los diccionarios especializados en metáforas personales
cada vez que un miembro interpela a otro.
Espero que los nuevos miembros se sientan bienvenidos a las enormes tareas que se anuncian, y en las cuales nunca sobrarán mentes y manos para la obra. Así, Adelina Cano, Joaquín Bascopé, Miguel Lafferte, Merle Mandaat, Lawrence Maxwell, Ernesto Montenegro, y Liliana Morievitz, quedan desde ya incorporados al trabajo de varias comisiones de su elección (Se les recuerda cancelar su cuota de inscripción al tesorero de la organización, para así proceder a efectuar los trámites formales de su incorporación.)
Asimismo, quiero agradecer la confianza que han puesto en esta nueva directiva y la nueva etapa que se inicia con ella, y saludar a la directiva saliente por el trabajo realizado, y por el trabajo que se han propuesto realizar para el proyecto comun (y no comunitario...).
Para terminar, quisiera proponer a esta asamblea cinco mociones que articulen el trabajo de este mes de agosto:
-que se forme una comisión Richard Le Bonniec, para que resuelva y zanje definitivamente el problema de la distribución de los Anales 1,1 en Europa;
-que el plazo para la entrega de materiales para el volumen 1, numero 2, se prolongue hasta finales de agosto, fecha que se impondría a todos los autores, incluidos miembros del LDC, y fecha que no sería impedimento para empezar a trabajar desde ya en la edición de los documentos disponibles;
-que para la misma fecha se disponga de un documento de convocatoria sobre marxismo oral (que debería ser publicado en este número);
-idem., para una documento de trabajo pornográfico o pornológico;
-que en la sección cartas de este número se publique íntegramente el epistolario interno al LDC que adjunto a esta carta. Y aprovechar para recalcar ante la membresía que las diferencias de perspectivas y lenguajes que mantengo con Nicolas Richard no harán mella en la amistad y el proyecto común que nos convoca.
Espero sepan disculpar la extensión de esta comunicación, debe ser que estaba un poco atragantado en estos días.
Atentamente, su siempre servidor y presidente,
Jorge Pavez
Apéndice:
Sugiero algunas cuestiones relativas al problema pornológico que podrían ser esclarecidas en debates futuros:
- En el marco de los trabajos de Richard-Menard: investigar si existe complementariedad entre un "régimen pornográfico" y "régimen secretarial", si se trata de lo mismo, y si no, cómo se conjugan estos regímenes, y si esta conjugación pasa por un marco estructural de tipo levi-strausiano o no. Además, se requeriría algunas precisiones relativas a: la vinculación de estos regímenes con los órdenes de clases morales, y la compatibilidad de estos conceptos con la teoría que vincula al ser humano con su objetivación por el trabajo y su poyesis de la naturaleza.
- La contingencia del estrato del agente: si entendemos la figura del secretario como la del pornógrafo: la pregunta es si este se aliena en una estructura de producción o su producción se desmarca de la estructura por constituir movimiento, sea este de despliegue o de desterritorializacion. Creo que en este punto, hay dos niveles que Richard tiende a confundir (o confundirme): el de la lucha de poderes por el control del estrato (sociología pornologica del secretariado), el del producto textual que instalan los vencedores de ese conflicto (economía del corpus) como sistema de secreciones (desprendimientos) y secretos (interioridades), ambos niveles comunicados por la praxis escrita de los agentes. Habría que ver hasta que punto este vínculo es dialéctico. Para tomar un ejemplo: América. Si América no es una monada, tampoco habría un despliegue o desplegamiento, ya que, según Lezama Lima, ya estaría completa y enteramente desplegada en su naturaleza expresiva, y según Naranjo seria el barroco el que produce tal pliegue para su dominación burocrática. Quizás de ahí el problema con Hegel de creer en una corporacion, que tiende a desplegarse en una sola uni-versalidad. Y de ahí también el problema de creer que la secretaria produce a la vez secretos y secreciones. Tiendo a pensar de que ambos planos no se recubren ya que son efectos inversos de una superficie plana: secretos funcionan como efectos incorpóreos (porque son la ausencia de cuerpo, pero adentro de un cuerpo), secreciones como efectos corpóreos, pero que se desprenden de él y lo constituyen (son su causa y su efecto), entonces, ambos son causas y efectos actuando sobre si mismos. No se afectan. Están separados por una línea que por rebote que los reenvía a si mismos.


2 Comments:
[Recibido: 2 de agosto]
Estimado presidente, queridos comiembros
Quisiera hacer un comentario a la exhaustiva cuenta del Presidente
sobre el evento pornológico.
Creo que lo que está en cuestión aquí es la cuestión del nebuloso horizonte vocacional del Laboratorio. Esta nebulosidad se manifestó claramente en estas Jornadas entre dos opciones. ¿Queríamos instalar un espacio abierto para la exploración de las posibilidades y limitaciones de una perspectiva pornológica del análisis
desclasificatorio? o ¿Queríamos operar una instalación política, una
denuncia ya pornológica, en cierta "opinión pública"? Creo que tendimos a las dos y no logramos ninguna plenamente. Personalmente considero que un congreso, instalado en un centro académico, al que se convocan sujetos más o menos sometidos (en su sentido más contractual y masoca) a cierta jerga y a ciertas lecturas operaba más directamente en el primer plano (a lo que debemos sumar la presencia en el horizonte de la segunda serie de los Anales). Ahora bien, como se comentó en su momento, este quizás no era la mejor instancia para realizar un proyecto de este tipo. Quizás convenía más organizar una suerte de taller o de instancia más limitada de lectura y debate más selectivo.... El hecho es que la instalación se operó y en ella ocurrieron todas las eventualidades que tenían que ocurrir. Desde debates más éticos y políticamente más del gusto del presidente, a otros más crípticos y del gusto de otros miembros del laboratorio, pasando por otros instantes de franco surrealismo. Si las jornadas se plantearon como un espacio abierto y sin línea editorial, ocurrió lo que tenía que ocurrir. Se trataba de una performance y de un experimento. El lado más repugnante es quizás el de su descuartizamiento mediático, del que deberemos saber dar cuenta y para el cual habrá que estar preparados en el futuro.
Ahora bien , para completar al menos la primera opción, es decir la del horizonte exploratorio, resulta indispensable producir ese documento pornológico que retome, masque, digiera, absorba y excrete las proposiciones enunciadas y discutidas en estas jornadas y que creo serán la base de posteriores acciones políticas sustentadas en un
horizonte teórico mejor digerido. Con este fin rogaría a los miebros
Richard y Maxwell que socialicen a la brevedad el texto de sus ponencias para intentar un primer mapeo pornoscópico.
En lo que respecta a la segunda opción añorada por el presidente. Creo que si bien el Laboratorio tiene una dimensión estructuralmente
política, hay que tener cuidado con las reclasificaciones que puede
arrastrar una identificación plana con lo político. Sería un error
confundir la acción política desclasificatoria con una simple
transparencia comunicacional, o con una peor transparencia de la praxis. Si esta ocurre debe ocurrir como un accidente o una región necesaria dentro de un orden desclasificatorio de pura productividad -pura poiesis - del texto como máquina y tecnología del desclase. La transparencia total, la traducción sin resto, suponen el trasvasije de
contenidos de una clase a otra, de una cripto clase del secreto, a la
democlase de las secreciones. Así hay que tener cuidado al buscar
aplicaciones transparentemente pragmáticas del ejercicio pornológico o desclasificatorio. Por ejemplo, en la invocación de Alejandra Araya a la centralidad ética de la infancia, se reproducen los más profundos (pre)juicios de clase, de clase etaria en este caso, y su sobrevaloración arqueológica de la infancia, de lo primero, como
núcleo de la afectividad, o de la afectabilidad y centro de todas las
determinaciones (recordemos que el argumento economicista de inversión
en la educación básica en desmedro de la educación superior parte del
mism (pre)juicio). De este modo creo que la necesaria cuestión ética
debe fundarse por oposición a la cuestión moral, con la que se tendió
a confundir durante ese debate. Ya que a diferencia de ésta última, la
cuestión ética no funciona desde clases morales, valóricas o ideales
previas a la constitución y descomposición spinoziana de los cuerpos, lo que sería por el contrario el objeto propiamente ético. Así resulta complicado proponer una subordinación de los estilos desclasificatorios a la transparencia de una moralidad de la
transparencia, a la reconstitución de una comunidad de la comprensión,
a la reconstitución de un "idioma oficial" como clase textual y como
moral desclasificatoria.
No obstante lo anterior, considero que efectivamente el Laboratorio no
puede marginarse de la intervención en el espacio público y político
en un sentido más restringido. En este sentido la idea de una publicación del tipo "La semana pornológica" resulta une medio más que necesario, no tanto para "traducir" las entelequias y las metáforas de la esoteria laboratorial, como para operar una acción textual concreta, para producir corpus y efectos en nuevos espacios lectoescriturales. Praxis política y poiesis de la desclase.
Eso sería por el momento.
Quedando a la espera de ponencias,, comentarios y demás textos peripornológicos se despide afectuoso
Menard
[Enviado 4 de agosto 2005]
Estimados miembros y miembras,
Creo que estoy de acuerdo en casi todos los puntos que plantea el
miembro pastpresident Menard.
Quisiera de todas maneras aprovechar el vuelo teórico de su comentario para retrucar un nuevo comentario.
Ocurre que no entiendo muy bien es cómo mi ilustre colega pudo leer en
mi correo anterior algún atisbo o peligro de moralismo o intento de
actualización de categorías morales, ya que precisamente intento plantear que hay que luchar contra todo sistema de clases morales, desfondando sus principios y sus formas de reproducción. Es un punto
que está incluso planteado en el título mismo de mi ponencia en las
jornadas, vinculando precisamente la reproducción de las clases morales al de las clases nacionales (supongo que mis últimos ataques histéricos no llevaron a la membresía a creerme un apologeta nacionalista...).
El asunto en cuestión parece ser si una ética debe o puede definirse fuera de o en contra de estas construcciones morales. Entiendo que lo que Menard dice es la practica de una vigilancia amoral como única actividad que permite deslindar la ética de lo moral. En esto estaría
completamente de acuerdo. Esto creo yo no significa que haya que renunciar al concepto de valor, ya que sería regalárselo al moralismo,
y enajenarnos en las categorías de la moral. Por eso, Nietzsche no renuncia a la noción de valor, y llama a la transmutación de los valores. Y Marx alerta sobre el valor del trabajo que el capitalista
se apropia al objetivarse el producto del trabajador, valor que
debiera restituírsele al productor.
Respecto al problema de la infancia. El ataque frontal que promueve la
desclasificacion a las categorías morales genera reacciones de huida o
de escondidas, por caminos como los de la infancia, suponiendo que ahi
estará el nido y refugio reproductivo de las clases morales. Debe ser por que el niño es un cuerpo en transformación rápida, que pasa de ser puro cuerpo (lleno de semen como decía una vez Menard) a ser un cuerpo con algo más, cuerpo con conciencia de cuerpo diferente a una cosa. Entremedio también experimenta esa conciencia animal, que para Freud es etapa decisiva (y que en su etnocentrismo asocia también a la conciencia primitiva). Se explica entonces que todos los poderes instituidos quieran domar ese cuerpo, para hacerlo productivo, hacer de él el producto de su propia poyesis. Frente a esta situación, una política pornológica no habría entonces de proteger al niño de afectos y conceptos clasificatorios, sino que descomponer las estrategias que se alimentan de esos cuerpos y los fijan ortopédicamente. Si el
economicismo ortopédico interviene sobre el cuerpo infantil, es el cuerpo y el corpus economicista ortopédico el que hay que desclasificar en tanto orden clasificatorio absolutista. Habría que mostrar cómo el cuerpo-corpus del economicismo parvulario no está
sometido al cuerpo que dice ser suyo y que intenta gobernar (negando justamente la praxis, en tanto transformación del trabajador por el
producto de su trabajo), y cómo esta doble corporalidad práctica se justifica en una corporalidad teórica supuestamente única, siendo sus leyes aplicadas solo a los súbditos.
¿Que es lo que diferencia los cuerpos de pornostars de los cuerpos
víctimas de la represión de estado? Los cuerpos del cine porno a pesar
de las innumerables clases y subclases a las que esta sometido, no encajan nunca en ninguna de ella porque basta con atender a otra cualidad de la misma imagen para derrotar su clasificación, desmarcarla y desclasificarla. Hay algo como un suplemento en la imagen porno que la hace suplantar permanentemente la clase que se le
adjudica, algo como una inmanencia desclasificatoria en la superficie
misma de la imagen. Un exceso de posibilidades combinatorias (que
aunque sus factores sean finitos sus combinaciones son infinitas) que genera multiplicidad de entradas e itinerarios. Y esto creo es el valor secreccional del porno rescatable para una política desclasificatoria. En los cuerpos mutilados, ejecutados, desaparecidos, torturados, no parece haber tales posibilidades de combinatoria, esos cuerpos entraron y quedaron para siempre en una clase, la operación de inscripción absolutista es una operación definitiva, en la que el cuerpo no puede ser recalificado (asi como la destrucción material de un documento impide su desclasificacion posterior). Los cuerpos son elementos de una demostración del poder.
Quizás es la diferencia entre Sacher Masoch y Sade (aunque no estoy seguro). Los actores porno firman un contrato en la que sus cuerpos serán sujetos y objetos del placer, un contrato de enajenamiento de sus cuerpos en tanto superficies del deseo de otro. Las victimas de la
dictadura son cuerpos de aplicación de la fuerza en contra de su voluntad, no hay contrato y solo sirven para la demostración de la
fuerza. No se trata aquí entonces de un problema moral sino de la constitución del valor de los cuerpos en un régimen donde se ejerzan las voluntades particulares de esos cuerpos. El valor enajenado (por contrato) del cuerpo del actor no suprime el deseo, sino que lo
produce en otro plano, y reproduce así el valor del cuerpo. El valor
del cuerpo del militante UP es aniquilado, al igual que el deseo, al igual que el valor de todas las cosas, por destrucción.
Otro punto que quería comentar. No se puede sacrificar la practica
heterológica a un liberalismo lingüístico, que termina reconstituyendo los principados del multilinguismo, donde la soberanía se ejerza desde los polos de acumulación de diccionarios. El multilinguismo en su praxis traductiva desclasifica, pero sin el ejercicio mismo de la traducción, va a constituir por el mismo movimiento una clase de secreto, es decir, crea una interioridad clasificada y un monopolio.
El príncipe soberano, el dictador, es aquel que ejerce un control
particular sobre este secreto y usa el monopolio de la fuerza para su
conservación, ya que lo lleva dentro y depende de este para reproducir
su monopolio. Las secreciones del príncipe en cambio son aquellas que
se pueden enunciar en todos los idiomas y por lo mismo permiten la
desclasificacion del cuerpo que guarda los secretos.
La desclasificacion tampoco puede restituir la opacidad del soberano
absoluto en su desdoblamiento corporal. Por eso desclasificar los
secretos como secreciones (entomos?), y no clasificar las secreciones en clases secretas (o morales), desclasificar el cuerpo del soberano absoluto y sus orificios, y no clasificar la multitud de orificios según alguna escala de valor de apertura o cerrazón. Por eso no creo que haya que tender a tal democlase, ni a tal democracia, si no son entendidas siempre como una desclase y una acracia.
La dificultad de un proyecto desclasificatorio que aspira a la
constitución y desconstitucion soberana de los cuerpos, está en que
implica el derrocamiento permanente del príncipe dictador, y una negativa a todo proyecto de institución principal (que instituye un proyecto de dominación filodictatorial de una clase). Este proyecto debe hacer que aquel polo de omnilinguismo se disuelva en una chorrera de traducciones, lo que quizás, puede llevar a una lengua común lo que seria un peligro menor ya que esta también reafirma las otras lenguas y una nueva posibilidad de traducción en un estrato histórico particular. Entiendo que no podemos quedar encerrados reconstituyendo
una estructura binaria de abierto y lo cerrado. La poyesis de la
desclase es una actividad de producción de la apertura, y se ejerce históricamente en contra del cierre. No hay equivalencia de valor
entre una y otra. Una siempre se impone sobre otra.
En este sentido habría un instante común impropio y no un tiempo de la
comunidad propia, un léxico de multiequivalencias y no una gramática del orden (por eso me parece que lo más interesante de la fórmula canónica es su torsión final y no la fórmula en sí), una poyesis común y no una praxis comunitaria o comunitarista.
Una ética de la soberanía de todos los cuerpos estaría entonces, no en
una moral de la transparencia desclasificatoria, sino en un ejercicio permanente de traductibilidad, de transparentamiento, que devuelva el lenguaje a su indeterminación y genere una poyesis del resto. Son
estos momentos de desclase los que afectaran a la constitución y
descomposición de los cuerpos, y por ende a los ordenes de clases a los que están sometidos (contractual o unilateralmente).
No se si estas reflexiones se alejan mucho de lo que propone Menard. En cualquier caso, me gustaría leer algunas aclaraciones del miembro Naranjo, el principal spinozista del LDC, respecto a los conceptos aquí planteados, y su valor de uso para la desclasificación. Y seguramente serán muy útiles también los desarrollos del miembro Maxwell respecto al problema de la objetivación del valor del trabajo en el marco de una "poyesis de la desclase".
Espero sepan disculpar la extension de estos comentarios, motivada sin
duda por la pertinencia de los comentarios que comentan.
Sin otro particular entonces, se despide atentamente,
Jorge
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