Sunday, August 06, 2006

Secunda presentación de los Anales de Desclasificación, vol I

Texto leído en la Biblioteca de Santiago el jueves 6 de julio 2006.

Federico Galende
Sociólogo, Universidad Arcis

Antes que nada quiero agradecer al equipo del Laboratorio de Desclasificación Comparada su amable invitación a presentar esta segunda parte del volumen de los Anales, dedicado, como la primera, a la derrota del área cultural. Es para mí un honor hacerlo y ha sido un gusto revisar los primeros aportes del enorme trabajo que realizan, pese a que, más que de trabajo, habría que hablar de una actividad, tal vez esa que Bertoni planteó alguna vez como la del cansador intrabajable. No encuentro por ahora mejor definición para este enorme proyecto ni pretendo engañar a nadie diciendo que lo he leído página por página; a la vez, creo que esta posición de lectura -una lectura en diagonal y a la deriva, saltos en balde en una sala de gemidos- se ajusta demasiado bien a lo que los documentos esperan de su lector. Cabe suponer, incluso, que aborrezcan de un cierto tipo de lector, que su objetivo más íntimo consista en aguardar con mudez confiada que una determinada inercia de lectura desaparezca por fin de los ojos. Si esto es así, es porque de toda desclasificación se espera que opere también sobre los órganos sensoriales, que borre los ojos o los inflame, permitiendo que un lector en blanco apoye su oído en el eco de unas voces sin tiempo y unas cosas sin nombre, deliberadamente huérfanas de la secuencia o la serie. Benjamín, como se sabe, entrevió esta desclasificación de la mirada en el cine, cuyas décimas de segundos eran proyectiles disparatados clavándose en los ojos hilarantes del lector burgués. Y aunque hubo algunos intentos similares en el campo de la poesía -pensemos fundamentalmente en Lihn o en Nicanor Parra, dos acontecimientos fundamentales en lo que hace al quiebre de la mirada auratizante- o en el del ensayismo ligado a la cuestión de la visualidad -los primeros trabajos de Kay, por ejemplo, o de Nelly Richard-, por lo general en Chile el lector, además de pobre, ha sido profundamente conservador, haciendo que, desde el golpe en adelante, los regímenes de lectura, pasados por el cedazo de la antigualla burguesa, se pusieran muy tempranamente al servicio de un programa de reificación, entendido como una recuperación de la exégesis disciplinar o estetizante de la cual, hasta el día de hoy, nos siguen llegando ejemplares inútiles publicados por el aparato estatal.

Este régimen conservador de lectura ligado a lo que estos Anales llaman la clasificación biblioteconómica, contrasta, a la vez, con una creciente privatización del archivo público, consistente en que, en medio de la catástrofe, cada sobreviviente huyera a la casa con un pedazo de historia en su maleta. El espacio en el que tuvo lugar esta ominosa reconstrucción fue sin duda el interior burgués. Y así como el señor amueblado de principios de siglo supo colocar sus iniciales a los cojines, los sillones, los mantelitos o el croché de los tocadores, así también el lector privado se acostumbró a imprimir sus huellas sobre el trozo suelto de archivo que le tocó en suerte, levantando después pequeñas escuelas o casitas que ahora, por una extensión del lenguaje, llamamos universidades. De este modo, mientras el lector conservador hacia del espacio público una extensión de su biblioteca -este sería el corazón privado del archivo público-, el lector privado se llevaba fragmentos de esa biblioteca a su casa, reasignando a lo público el maquillaje de su inquietud privada. Este parece ser el problema del programa de desclasificación que ahora comentamos, un programa que, según mi lectura, se sostiene sobre tres puntos que me gustaría enumerar del siguiente modo: 1. La desclasificación no opera en términos de una restitución de la memoria ni se inscribe en una política de la memoria; lo que hace es poner en juego una dislocación; 2. Esta dislocación es inherente al ejercicio de la crítica y la destrucción como interrupción de la violencia de la historia -no de esta o aquella historia, sino de esa violencia que es la historia; y 3. Esta interrupción de la violencia histórica no opera en términos de la recuperación de ninguna identidad o política de la identidad, sino de su difuminación o grado cero en el más fuerte de los sentidos marxistas.

Contra el cuchicheo insensible de las masivas políticas mnemotécnicas que atraviesan la historia de nuestra transición, el ejercicio de la desclasificación no radica en restituir al archivo un pasado perdido, sino, más bien, en ramificar un conjunto inacabado de lenguas débiles, pueblos menores, paisajes deshabitados, tartamudeos o murmuraciones capaces de conducir la imaginación retrospectiva hacia páramos de tiempo no reclamados siquiera por la memoria. La desclasificación, en este sentido, no opera sólo contra la historia como un continuo; también lo hace contra la memoria como reserva estratégica de la historia. Ha sido entre nosotros parte de una violencia muy particular, de una violencia reconstructiva, situar la pérdida como algo que debía ser recuperado o formalizado, es decir, reclasificado. Así, la imagen de la pérdida o la catástrofe fue instalada por el mercado de la memoria para volver a justificar nuestra esperanza en la historia, pero la historia, que no ha cesado de vencer, nos es más que recuerdo clasificado. Cuando Benjamín, a quien la presentación de estos Anales parece seguir en un punto, habla del modo en que la violencia conservadora tiende siempre a la absorción, por medio de la represión de sus fuerzas hostiles, de la violencia creadora, haciendo que la crítica de la violencia no sea hasta ahora más que la filosofía de su historia, lo que está intentando mostrar es en qué medida la cuestión de la memoria es un elemento interno de la historia, su pasamano o su molino.

Que en este país el esteticismo -pieza una y otra vez reactualizada por el filósofo asustado-, el culturalismo -enfermedad infantil de la crítica- o el sociologismo -vicio final de toda ciencia humana- hayan entrado, de una u otra manera, en el problema de la memoria, tuvo que ver con una disputa disciplinaria por la participación en el proceso de reclasificación de la historia. Lo que en esa disputa fue abandonado, pese a la temprana incursión de la obra benjaminiana en la escena de los ochenta, es precisamente lo que este notable ejercicio de desclasificación viene ahora a retomar: el carácter de la destrucción como crítica e interrupción de la violencia del archivo.

Tal carácter, podría pensarse, responde de manera sobrada a una vieja consigna antiburguesa de Brecht: Hay que borrar todas las huellas. Es exactamente lo que procura el programa siempre recomenzado y siempre inacabado de la desclasificación, que borra no sólo una tendencia histórica implicada en el régimen de lectura, como decíamos, sino también el ímpetu mismo de la creación. Si así procede, es porque el carácter destructivo se apoya en una desconfianza invencible respecto del curso de las cosas. Esa desconfianza, semblante tanto de la crítica como de la desclasificación, Benjamín la había ido a buscar antes en la figura del alegorista cuyo modelo de lectura estaba fundado en exponer la vida transitoria de las cosas, los hombres y la historia a partir de la naturaleza caída o su tristeza. La clasificación es el enemigo simplemente porque sienta las bases que empaquetan y recubren la pátina mortuoria del mundo. De ahí que, tal como lo muestra este volumen, la interrupción de la desclasifícación en la clasificación no sea algo que busca ser entendido, sino la mera presentación del carácter perecedero que habita en las cosas -lo único, así, que puede ser peor que la instrumentalidad, es nuestro deseo de ser póstumos. No se trata entonces de restituir ningún archivo, de hacerlo pasar a la posteridad, sino de permitirle hablar desde su condición precaria o transitoria, pues la tarea de la desclasificación no consiste en otra cosa que en tomarle la delantera al hilado de la memoria, dejando para sí el prestigio invisible del eslabón perdido. Eslabón que consiste en no consistir, que, como un paso sin quien, si irrumpe en la máquina serial no es para recuperar los escombros con los que hacer nuevos caminos, sino para convertir lo que queda en escombro. En la presentación general del volumen se insiste en varias ocasiones, por esto mismo, en el hecho de que la desclasificación no es una alternativa a la clasificación, sino una actividad orientada a mostrar la vulnerabilidad de todo aquello que procura gobernar por medio del archivo. Lo que se busca desclasificar es la resignación de la vida de las cosas y los seres a la mera existencia, haciendo que sea en cambio el líquido de lo viviente lo que opera destructivamente sobre el archivo. Es el tono que ocupan por ejemplo Fabien Le Bonniec y Eduardo Mella cuando imponen una lámina de agua a las cartas que retratan tormentosamente el conflicto entre Colonos y Pehuenches en el Valle del Queuco o el que sutilmente utiliza Naranjo en su presentación sobre los relatos en las Cárceles de Alta Seguridad. Allí, lo que nos permitirá pasar por fin al tercer punto, nos recuerda Naranjo que «la desclasificación no sería una integración simultánea del conjunto de los relativismos, humanismos, la reedición, en fin, de una ética de las víctimas, sino el desenvolvimiento en que un conjunto de escrituras muestran cómo el preso es un sobreviviente en la economía de la catástrofe posnacional, que ha integrado una relación al tiempo de la destrucción que se opone justamente a la modalidad o a la administración e inscripción de los neoamericanismos» (pag. 394).

Esto da una entrada al modo en que la desclasificación se opone, por último, y contra todo lo que podría pensarse, al otro gran uso político que ha salido triunfante en la escena de la vida tardomoderna, el de la política de la identidad. Confabulada con la de la memoria, la política de la identidad no ha hecho más que ofrecernos en el último tiempo el pobre consuelo que habría hecho de leimotiv para la interrupción del programa de la destrucción. El ejercicio de desclasificación de estos documentos, sin embargo, se vuelve tremendamente sutil haciéndole lugar a una diferencia o una debilidad que no apela jamás a la fábula de lo identitario, oponiendo al halo triunfante de la historia una proximidad que no llega, un aumento del porvenir, diría Levinas, a través de lo que permanece de todos modos inaprensible. El quid pro quo de estos documentos reposaría ahora en la exposición de la identidad como una neoestetización, pues la identidad es la continuación de la guerra por otros medios, las categorías, motivos de un conformismo en el que la disipación de la clase es amortiguada por la piel feliz de la especie. El rostro, antaño presencia de lo no presente, es sometido por la política de la identidad a una dádiva ritual o una malla de carne; la desclasificación lo atraviesa, libera al ser de la predictibilidad de la mueca y al espíritu de lo viviente de la cárcel de su propia vida. Por eso resulta ejemplar la recuperación que, sobre el final del documento que presenta el volumen, los autores, que escogieron, como era de esperar, el anonimato, casi al modo de un Luther Blisset, se hace sobre la clase en Marx. La liberación de la clase es la liberación de la historia; en la página 41, se nos dice que la desclasificación como acontecimiento es lo que vincula al instante liberador, aquel instante de soberanía pura que quiere escapar a las determinaciones de la clasificación. Marx fue un notable pensador de la desclasificación cuando afirmó que la liberación del proletariado era la liberación de la humanidad en su conjunto, pues liberándose a sí mismo de su condición de oprimido era capaz de liberar al pobre opresor de su necesidad de oprimir. El instante de soberanía es psicótico, un punto efímero de libertad por el que se ha fugado el archivo. En una novela que leí una vez, una novela sobre la desclasificación, se narraba una anécdota que recuerdo muy bien. Dos pequeños amigos, M. y S., decidían un día hacer una broma a sus padres cambiándose los nombres. Al salir de la escuela, cada uno de ellos debía tomar el camino del otro y llegar a sus casas saludando con naturalidad a sus falsos padres, pero a poco andar se encontraban con la sorpresa de que los padres los recibían como si fuesen realmente sus hijos, conversaban con ellos cotidianamente durante la cena, no notaban ningún cambio, razón por la cual más tarde, en la noche, en la soledad de los cuartos ajenos, los niños empezarían a sentirse intranquilos. Percibían, decía la novela que leí, el crecimiento ingobernable de algo iniciado por ellos. Durante las cenas que se fueron sucediendo a lo largo del tiempo confesaron a sus respectivos falsos padres que no eran sí mismos sino el otro, pero estos no les creían, juzgaban que estas eran fantasías propias de niños. Y así los años pasaron lentamente, los dos amigos se encontraban a veces para pescar y mientras pescaban se daban cuenta que uno no sólo se cansa de ser el mismo, sino también el otro. Es decir, uno se cansa de vivir. Pero la vida cansa porque nos asigna el insoportable peso de la identidad. Por eso, como decía al principio, hay que inventarse pueblos propios, lenguas imaginarias, pues de otro modo no sólo no se puede vivir, sino que tampoco se puede escribir (lo que es mucho más grave). No se puede escribir, decía más o menos Deleuze, sin desclasificar la lengua materna, sin trazar una lengua extranjera en el corazón de la propia lengua, familiar y materna, del mismo modo en que no se puede vivir sin trazar un espíritu viviente en el seno de la mera existencia. Sólo a eso se puede aspirar; por eso de los países inexistentes, el de la desclasificación es, sin duda, el más extenso. Muchas gracias.

Thursday, July 27, 2006

Presentación de los Anales de Desclasificación, vol. I, número 2

Presentación de los Anales de Desclasificación, nº1, 2005 y nº2, 2006, Vol. I: «La derrota del área cultural», en la Biblioteca de Santiago, Jueves 6 de julio de 2006.

Alejandra Araya

Historiadora, Universidad de Chile.


Comenzaré por una pregunta:

¿Qué son los Anales de Desclasificación?

Órgano impreso del Laboratorio de Desclasificación comparada, definido como un grupo de investigadores que buscan, compilan, comentan y difunden un corpus indeterminado de textos y documentos “perdidos, olvidados, escondidos y mal difundidos” con el objeto de poner en práctica la crítica a los marcos en que se han desarrollado los “sistemas clasificatorios” que han gobernado y gobiernan a las ciencias sociales y la literatura. Los Anales se organizan en torno a Dossiers que a su vez presentan documentos desclasificados acompañados de interesantes aparatos críticos y algunos artículos que se conectan de algún modo con ellos ya sea temáticamente, geográficamente o conceptualmente de modo de producir alguna comparación o también como gesto performativo de asociaciones libres justificadas por el ánimo desclasificatorio de estos nuevos “científicos” que reemplazan a los insectos por otros: los documentos. No es casual por tanto que se llamen a sí mismos “laboratorio”. Leí el primer volumen con avidez, con placer frente a una serie de propuestas de lectura y actitud que convergen con las mías desde una cuenca que reúne al surrealismo, el psiconálisis y el espíritu libertario y con mucha curiosidad respecto de estas entradas invasibas, irrespetuosas, prepotentes y llenas de vida al territorio del historiador: la muerte, la ausencia y el fervor de revivir, de presentar, de corporeizar un resto, una huella, un vestigio atrapado en un papel. ¿Pueden tener cabida en estos anales de desclasificación los objetos materiales?

Luego me dije, lo que aquí veo es la transformación de los textos en objetos y monumentos, cincelados, desempolvados, resituados. Para un historiador clásico estos Anales serían una revista que edita documentos, como muchas que circulan con los mismos afanes de poner en conocimiento de otros textos curiosos, poco conocidos. El afán de gabinete que conecta a estos trabajadores de laboratorio que quieren desclasificar lo que llega a ellos por procedimientos de clasificación de otros. Una historiador menos tradicional, apelaría a la desclasificación de documentos como gesto político y epistemológico, buscaría lo raro, desconocido, oculto y secreto para hacer habla al sujeto inconsciente de la historia tradicional. A ella pertenecía José Toribio Medina como su brazo armado como bibliófilo y polígrafo, construyó junto a otros como él el Archivo de una nación en el sentido en que los miembros del LDC lo manifiestan siguiendo a Jacques Derrida y el Mal de Archivo, es decir, la construcción de un gran guardián de secretos, y una cohorte de historiadores que escriben sobre lo público. Se hace de las secretarías, de la compulsión de escrituras públicas y privadas de los siglos anteriores al XIX, un archivo positivo, una colección de pruebas de un gran proyecto de maquinación de un cuerpo vivo, desde un cuerpo siempre muerto el Estado. Por eso, un historiador heterodoxo, puede reconocer que hay fondos y fondos documentales, que hay corpus legales y esquirlas en fondos varios o diversos, en secretarías más que en archivos y es allí donde se encuentran eso insectos extraños y fascinantes por su poder de vida que atrajo a estos desclasificadotes. Tenemos aquí los textos que hablan del proyecto de Federación Araucana entre 1926 y 1931, federaciones juveniles araucanas y un delirante Manuel Aburto Panguilef, un Manual de las Palabras que nos lleva al África, textos de la ciencia colonial de los siglos XVI y XVII (el fantástico Carlos de Sigüenza y Góngora empeñado en nombrar e incorporar lo americano, más bien de traducir lo americano a su propio mundo de manera sombrada, creativa y surrealista) para América, espacios míticos e imaginados de Timbuktú al Caribe. El énfasis está puesto en los territorios, pero en el segundo volumen esa mirada y la escucha se centra en los sujetos abyectos, los que permiten constituir a los otros, y que ese gesto también son clasificados y fijados en territorios: la cárcel, el manicomio, la frontera, el periodo colonial y los siglos XVI al XVIII como frontera de una racionalidad y como proceso que da nombre y rostro a América, es la colonización de un imaginario que tiene como pilar fundamental la noción del cuerpo y los sistemas de cuerpos. Entiendo la fascinación del antropólogo y los literatos frente a los documentos como insectos, lo que escapa a las clasificaciones del reino animal, e incluso como referente sin igual para dar cuenta del proceso mediante el cual se produce la humanización de los animales, incluyéndonos. Creo que aquí se comparte una fascinación que une en el origen de estas ciencias de lo humano y lo social, es decir, en el clásico debate entre naturaleza y cultura. Pero los historiadores tenemos relaciones más ambiguas con ello por cuanto nuestro campo formó parte mucho tiempo de las historias naturales, los hombres dentro de las especies animales. Cuando la historiografía se distingue de los historiadores naturales lo hace cuando se vuelve al testimonio de esa especie en su voz, por el vestigio y por el testigo incluyendo al historiador.

Luego, vamos optando por dar testimonio de las ausencias por sobre las presencias y los documentos escritos serán la prueba, no todos los documentos escritos, se selecciona lo considerado autoridad, institución y asepsia. Pero no quiero explayarme más sobre lo que en estos Anales se dice sobre la historia y los historiadores, encuentro del mayor interés el que se vuelquen a estos territorios. Sólo diré que espero sea este un encuentro fructífero y esto depende de cuán informados estemos las partes sobre las prácticas de unos y otros y de los derroteros de esas prácticas. En este sentido, aplaudo la invasión del archivo y las bibliotecas por todos, pero no aplaudo el monólogo de las experiencias ni la soberbia respecto a creer que se está instalando un procedimiento totalmente nuevo y revolucionario cuando hay varias experiencias similares surgidas precisamente de la deconstrucción.

Pues bien, ahora quiero comentar algo sobre lo que acompaña al título de los Anales: “la derrota del área cultural”. Esto se presenta aquí como un programa de trabajo que pretende, por una parte, deconstruir las clasificaciones que desde la antropología y la sociología permitieron construir una práctica colonial e imperialista con la noción de área cultural, es decir, una suerte de arqueología de las clasificaciones y también de los criterios de clasificación así que la noción de clase en distintos campos. Se las discute a todas ellas en el primer volumen, en un manifiesto introductorio de tipo colectivo, lleno de manos distintas, ritmos e intereses diversos. Por otro, desclasificar aquellos textos que muestran el fracaso de esos intentos de clasificación y que se nos muestran como emblemas de resistencias científicas, políticas y epistemológicas. Yo no quiero volver exponer esa densa exposición, quiero motivarlo a leer estos manifiestos y comprobar que son buenos artefactos para pensar. Sólo repetiré algunos párrafos que me parecieron clarificadores de las intenciones de este Laboratorio y de estos Anales: “La desclasificación como acontecimiento es lo que la vincula al instante liberador, a aquel instante de soberanía pura que quiere escapar a las determinaciones de clase, instante de encuentro con la indeterminación, voluntad de desclasificación que quiere escapar a un presente que se presenta como actualización normativa de las clases, extendiéndose hacia las esferas del pasado y del futuro que intenta dominar”. Esto lo expresan desde una reflexión que partiendo por Marcel Mauss y Lévy-Strauss, deambula por Marx, Nietzche, Foucault,, Derrida, Deleuze, que los emparenta con lo que Georges Bataille llamaba las filosofías paradójicas y la vida paradójica, es decir, escapar a la clasificación es tener soberanía, pero él iba más lejos, el pensamiento realmente soberano era el que no servía a ningún tipo de conocimiento.

Aquí se aceptan las divergencias, se privilegia el movimiento, la impresión, por sobre la interpretación, la disección por sobre el análisis. Efectivamente, aquí se apela a un surrealismo de la ciencia, una propuesta que tiene ya un largo recorrido y que podríamos decir que se encuentra junto al conocimiento que clasifica, lo acompaña siempre en una especie de lado B, que sin embargo para el mundo colonial resulta ser el espacio de ambas inscripciones: clasificar, ordenar a aquello que es inclasificable por monstruoso. Por lo tanto, comparto la emoción que contiene esta propuesta, no comparto el tono de “nunca antes propuesto” que circula en ella, es decir, la prepotencia que se instala siempre en el pensamiento colonizado por occidente. Esta comparsa de las dos pulsiones, clasificar y desclasificar, tiene un derrotero común, indisoluble (no tendrían los documentos que desclasifican de otro modo), incluso la posibilidad de abrir espacios de clasificación se convierten en espacios de depósito de lo no escuchado y allí tenemos la pulsión de escribir de los otros. ¿Por qué negros, indios, mulatos y mujeres son los que dejan más huellas en las secretarías devoradas por el archivo? Vuelvo a la idea del derrotero compartido entre clasificar y desclasificar. Se dice al final del manifiesto del primer volumen que cuando a principios del siglo XX los sociólogos renunciaban a clasificar por la invasión colectiva de la metáfora emocional y personalizante, aparece la clasificación psicoanalítica operando desde la noción de censura. Al leer eso, no pude dejar de pensar en la configuración de la práctica de la confesión, y las tecnologías de autoconocimiento que se instalan como herramientas de la contrarreforma religiosa para instalar en el secreto a la emoción. Los místicos deben estar en los conventos, el confesor será el archivo de los secretos. Las espirituales y místicas serán consideradas histéricas y no en el siglo XIX, ni por Charcot ni por Freud, era un proceso anterior, secular, continuo de atrapar lo que escapa a la autoridad de cualquier clasificación. Extraño en estos anales de desclasificación al objeto permanente de este deseo clasificatorio que genera cuerpos y sujetos abyectos: las mujeres. La única que comparte el laboratorio hace la operación que no se pliega al orden de los textos y documentos concebidos desde la clasificación imperial: la costura, el remiendo, el bordado, el collage. Aquí, la mujer del laboratorio, editó y ordenó los textos, gráficamente, la intención del manifiesto es mucho más clara en la disposición visual. Las notas al margen, como otro texto en off.

Digamos que toda esperanza de un mundo sin clases, que me animaba en la lectura inicial me repliega en el final del primero manifiesto del volumen cuando se dice: “Ante el anuncio de un fin de las contradicciones del humanismo, por la incorporación de sus clases más bajas, resurge el ruido estructural de un proletariado que se resiste a ser el último, a avalar el fin de una historia que empezó sin él”. Es decir, todo el anuncio de crítica al marxismo ortodoxo y toda propuesta de historia desde el movimiento, la relación entre sujetos y la identidad dinámica y desde las prácticas, se lanza a la basura porque no se resiste pasar del manifiesto al panfleto. Toda promesa de salvación es una condena, puesto que aquí la historia vuelve a ser etnocéntrica, estructural-sistémica, teleológica y esencialista. Se quiere desclasificar lo que muchas veces por operación clasificatoria cobró rostro y nombre, que por ser nombrado puede tener derecho a un rostro y un papel. Que por tanto, no resistió a la clasificación, escuchó su promesa y tuvo fe. No comparto la lectura de los textos como residuos o fugas a la desclasificación ¿por qué están allí? Más bien es la pregunta por la voluntad de escritura, de justicia ¿cómo salir de la razón colonial?

Estoy de acuerdo con poner de relieve los archivos secretos, así como la construcción de otros archivos. Estoy de acuerdo con dar cuenta de la vida que se resiste a morir en el archivo, pero no quiero más promesas, ni panaceas, ni nuevos confesores, ni nuevos sermones. Aquí se detiene mi fascinación por los Anales de desclasificación, pero me quedaré con la fascinación inicial, la del objeto surrealista. Me quedo con el volumen uno más que con el volumen dos. Me quedo con el manifiesto, no con el panfleto.

Entiendo esta revista como un órgano del Laboratorio, como un soporte sin el cuál el proyecto no es posible como lo hicieron las vanguardias artísticas del siglo XX, puesto que desde el punto de vista de la “ciencia” y de la “epistemología” no encuentro mayor diferencia entre ellos y las teorías críticas y las vertientes de los denominados autores postmodernos. Esta publicación es un gesto político en tanto objeto surrealista. En fin, otro comentario y relacionado con lo anterior. Cuando llegó a mis manos esta publicación, sin conocer a sus artífices, y darle una leída desordenada como siempre suelo hacer incluyendo la transgresión del tabú sobre no leer los finales, mi primera imagen fue el surrealismo. Sujetos que se resistían a ser clasificados, pero no querían ser confundidos. La puesta en escena de asociaciones automáticas que conectaban a los seres abyectos que produce la razón colonial e imperial. Luego, los conocí por fragmentos, gente que ya había visto, otros olfateado y otras apariciones nuevas en un coloquio sobre Pornología en Viña del Mar, con un afiche que justamente me devolvía al surrealismo con René Magritte. Y al pensar en la línea dos que programa este Laboratorio desde lo que denominan el animal pornológico y el marxismo oral, me recordó una nunca realizada empresa de mis amigos de Historia en el Colegio de México que frente a nuestra crítica al canon historiográfico tradicional y sobre todo a las imágenes sobre lo que debe ser un historiador y un intelectual, queríamos hacer una revista que se llamara Pornohistoria e historia oral. Por supuesto nuestra actitud era irónica y festiva y no seria y disciplinada como la que comento ahora. Los invito a visitar los Anales de desclasificación y agradezco que me hayan incorporado a este cadáver exquisito haciendo de caníbal presentadora.

Tuesday, May 30, 2006

La oralidad del marxismo, el marxismo oral

I.

Habríamos de ubicar el sentido de la oralidad en el contexto de la excreción y de lo que ha expulsado la mayor teoría de la lucha de clases nacida en el siglo XIX: la eliminación de todas la clases, en tal contexto, en tal borramiento de las teorías de la evolución y sus pragmáticas como razón fundamental – ahí, en la tierra de lo mismo, en el rumor a que nos lleva lo impensado y que es la condición misma para ser pensada, en la noche del marxismo y que nos da el propio postulado del marxismo im-postula-ble : hable.

La oralidad habría de ubicar múltiples orificios, huecos, fracturas, quiebres que hacen imposible operar un sentido último de la totalidad como trazo. La clase última, el saber absoluto como fin, como proceso en curso de una historia universal disuelta en las nomenclaturas del marxismo.

Disolución de la lucha de clases comprendida en el plano de la conciencia, la trascendencia, la filosofía burguesa de las líneas del marxismo (en sus líneas) que fosilizan el pensamiento marxista, y no dejan tratar este acabamiento, la deglución como operatoria del gasto que también se disuelve en el límite de lo económico, y que va siendo posible, porque proviene precisamente de los órganos imposibles que cruzan el cuerpo/corpus del marxismo como lo opuesto al cuerpo de cristo: «No hay comunión, se habla del comunismo… ¿Se come?…»

Apelar a la oralidad en un momento pos sicoanalítico, donde se disuelven los estadios del desarrollo, de la sublimación represiva que va de la etapa anal, a la oral, a la fálica. Disolución del marximo-erótico bajo el peso del instinto de muerte.

La absorción-deglución-disolución-combinación-expulsión del organicismo del marxismo y la instalación de las operaciones inmanentes de los cuerpos (el cuerpo en tránsito, orgónico, está siempre en relación a otros cuerpos, y el no-saber de esos cuerpos, el marxismo que no sabe del saber del habla que habla).

Porque habla todo esto de la dificultad inherente al problema de determinar los órganos marxistas: el habla de la inteligencia: la teoría del partido: la insurgencia. Mejor: la oralidad del marxismo como desprendimiento de cualquier metafísica de la violencia producida en el contexto de la lucha de la clases. La lucha de clases en la oralidad donde se abandona la posición, la doctrina, y se disponen los tras-paso. El marxismo como expresión de la deserción.

La oralidad del marxismo mostrando el movimiento, la dinámica excretora con que opera la lucha de la clases, y los marcos operacionales de la clasificación. La desclasificación y el marxismo. De esta manera, en la condición de la oralidad, en la expulsión misma de la materia fecal que afecta al marxismo que al haber querido atrapar lo real ha salido para afuera (al otro lado del boquete de la realidad) en el infierno de Lutero y el sollozo de San Agustín, mostrar el sentido con que la oralidad marxista desarrolla en las afueridades. Las tónicas de su propio errar en el prejuicio moderno de la política, de la ciudad, de la edificación de la institución marxista. La modernidad del marxismo y su fin marxista.

Dar lugar al recorrido, al acabamiento de las lógicas que recorren la dicotomía entre los espectros y las mercancías. Expulsión del marxismo como filosofía primera (como ontología aristotélica). Miseria sería la del marxismo quedado puramente como ontoteología. Miseria e ideas miserables de la boca y del afuera.

La oralidad sería la dinámica de la excrecencia como un pensamiento del evento, evento del pensamiento marxista saliendo de sus propios fundamentos en los cercos de la religión, en la moral, en la lógica, en el foso de la economía. El foso antieconómico del marxismo: la oralidad del marxismo contra las ciencia.
Operación de arrastre y desplazamiento de nuevos órganos nacidos de expulsiones de la fuerza, de la energía, de los modos de la producción restringida (del homo, el hetero: el futuro marxista del incesto).

La oralidad del marxismo-demente histérico en vez del estudio de la geometría de los círculos marxistas. En un plexo, la oralidad como la afectividad desentrañando la dinámica de las excrecencias. Artaud contra el marxismo.

El mecanicismo de las palabras resolviéndose en el silencio: la risa marxista y la ataraxia, el estupor, sufrimiento de lo propio y de lo ajeno. El marxismo perverso.
Al otro lado de la dialéctica, en el anverso del ciudadano. La oralidad en las múltiples confrontaciones que se dan entre Marx, Engels y Hegel. La oralidad contra la vulgata teórica de una miseria sin miserables. Disolución del marxismo como estado de naturaleza.

En la expulsión de todas las clases, no sustantivar lo uno, ni la unidad, sino el proceso completo de la oralidad en que operan efectivamente las lógicas de la transposición de la dialéctica a nivel de la Teología de la Liberación, la Filosofía de la Liberación (Dussell), de la heterología del Colegio de Sociología, la soberanía en Maquiavelo, Bataille y Sade. La oralidad del marxismo y la política moderna.
¿Oralidad singular la del marxismo oral? Porque sería como una lógica de obrar sin instituir un momento primero, y al desobrar todos los primeros movimientos del momento que se arraigan en el silabario de los manuales anticomunistas, saltar en los cercos de la sobre-de-terminación (el sobre azul de los marxistas: la lucha de clases y los términos).

Entonces la oralidad estaría más allá de la derrota en las afirmaciones imposibles que están siendo posibles también en el marxismo más extraño, y más alejado del sentido de lo propio -- en la impropiedad del marxismo propiamente hablando. La oralidad del marxismo como marxismo sin lengua materna. ¿Cuándo habla, qué come?
La oralidad del marxismo y su imposibilidad de atener una solución última que aprendiera y aleccionara el curso de un discurso estatuyendo lo que está en el proceso por venir descomponiendo los términos auténticos.

Tal sería, en un plano al menos, la experiencia de la oralidad cuando no hay lenguas madres. Vale decir, no solamente ver cómo se van poniendo juntos un elemento heterogéneo con respecto a otro. No se trataría de la arquitectónica del marxismo que recorre la configuración del mundo posible (de la medicina y la química: del juramento hipocrático de los doctores marxistas). Sino del contexto imposible del mundo. ¿Una Gaya Ciencia? ¿Un marxismo gay?

La comunicación en la desgarradura de los mundos: la intemperie del marxismo. En este sentido habría que ver entonces cómo se desenvuelve desde la salud del marxismo-Gargantúa, al del alfiler, y al del Artista del Hambre.

No un recorrido tópico ni temático del cual tenemos ya varios adelantos o posibilidades, más bien abordar la discusión en curso sin discurso, tal sería al menos, me parece, un aspecto desatado en donde el carácter estoico del marxismo expulsado, desarrolla también las pasiones más alegres y despiadadas de la sepultura, de la corrupción del mundo, de la desclasificación. Mejor: en la corrupción material de un materialismo sin lengua materna, el marxismo oral.


II. TEORIA Y PRACTICA DESCLASIFICATORIA DE DOSSIER PLANTEADOS EN ANATEMAS

ANATHEMA
1. somebody or something that is greatly disliked or detested and is therefore shunned
2. a curse from a religious authority that denounces something or excommunicates somebody
3. any forceful curse or denunciation
4. somebody or something cursed, denounced, or excommunicated by a religious authority


-Las historias de vida y los testimonios del marxismo: trabajo vivo / muerto.

-Los estatutos dictatoriales: las configuraciones de las dictaduras marxistas (endógenas, exógenas), los internacionalismo de las clases, las distintas formas de universalismos marxistas (éticos, epistemológicos, estéticos).

-Los destinos del marxismo-budista y las reencarnaciones materiales a la Deleuze & Guattari. La biología, la biopolítica y el marxismo.

-Los marxismos-tántricos a nivel del liberalismo marxista de los humanistas latinoamericanos y los misales marxistas heterodoxos.

-Las purgas: el marxismo expulsado por (de) (los) marxistas a nivel de las relaciones entre utopías positivas y negativas: antiutopías, heterotopías, exotopías, y atopías (o los elementos sin tópica, sin topo, del marxismo no dialéctico).

-La prehistoria del marxismo: los cultos paganos del marxismo vulgar. El culto de la comunidad fundamental.

-El marxismo-abyecto derivado de la crítica pornológica a los regímenes pornográficos.

-La anarquía marxista: las deposiciones del poder, la reabsorción, el reciclaje, la ecología del marxismo, el marxismo como imposibilidad sistémica de operar (el placer marxista).

-La fiesta: El marxismo como alimento. El alimento marxista. La fecundidad de la miseria. El marxismo imperialista. Los imperios marxistas. El marxismo oral y la razón imperial.

-Marx y nosotros. Soluciones al círculo de la empatía. (Elaborar la apertura anatemática).

Rodrigo Naranjo

Friday, February 17, 2006

Tres consideraciones a las "Consideraciones..."

El Marxismo Oral tiene para el Laboratorio su "lección inaugural" con el documento de Lolo. Respecto a sus "Consideraciones..." expongo a continuación tres comentarios:

1. Para efectos infraestructurales (instalación del coloquio internacional) la idea de transgresión, de "ocupación inusitada de espacios discursivos normativos" y de desborde, en fin, de los lugares comunes donde el marxismo se ha vuelto campo institucional de adiestramiento, me parece relevante aunque no suficiente para descartar por eso el apoyo del ARCIS. Las Jornadas de Pornología mostraron que el lugar que elijamos y los auspicios que se ofrezcan para la instalación del debate deben preocuparnos bastante menos que el modo en que se organicen los contenidos de éste. Precisamente, y siguiendo la idea de "hacer cruces inesperados" planteada en las "Consideraciones...", la posibilidad de introducir en el propio ARCIS el fantasma oral del marxismo masturbatorio (vuelvo a citar a Lolo) es tan interesante como hacerlo fuera de Chile (idea que me parece también sugestiva). Hasta cierto punto, creo que los espacios donde pudiera tener lugar la instalación del coloquio son relativamente intercambiables, y la diferencia recaerá exclusivamente en la forma como se articulen y crucen (ahora sí) las tensiones en torno a la cuestión marxista señalados en las "Consideraciones..." .

2. Una inquietud me surge a partir del problema de la vanguardia abordado en uno de los puntos (aunque recogido en todos los otros, especialmente tal vez en el que refiere la tensión entre teoría y práctica). Se trata del tono del debate, su clasificación y la cuestión (ya discutida otras veces, aunque creo haber estado ebrio a esas alturas) de si se restringirá o no al campo académico. Dando por supuesta nuestra tajante negativa a tal posibilidad, hay que pensar entonces en el modo en que operaremos esta no-restricción. Tendrá que ver con las invitaciones que cursemos, con las problemáticas que preselecciones y, sobre todo, con el interés del coloquio como práctica política. ¿Cómo hacer entonces de nuestra instalación vanguardista una praxis que la desestabilice, la desafíe y/o la ponga en suspenso? Habrá que ponerse en tensión.

3. Retomando ambos puntos, me parece, entonces, que el "interés" tiene que ver con un problema de voluntad y en tal sentido los "actos políticos interesados" (sea cual sea el interés) dejan de oponerse a los "desinteresados" (como plantea Lolo en el punto 8, en relación al político profesional weberiano). Debemos hablar más bien de lucha de intereses antes que de "prácticas políticas desinteresadas". Estas últimas parecen revestidas de una carga moral problemática toda vez que juega con la fusión o confusión entre "interés e individualismo" v/s "Comunidad y Desinterés". Sólo para la segunda homologación sería posible atribuir una práctica política "crítica" (¿verdadera?). El ARCIS y sus "intereses" el Laboratorio y los suyos, los de los invitados y los de nosotros, miembros individuales del LDC, deben, considero, ponerse en escena. Se trata de una guerra de posiciones gramsciana donde, bien sabemos, existen desigualdades de poder previas que seguramente determinarán el resultado final, tanto de las Jornadas como del volumen (recordemos los debates en torno a la inclusión o exclusión en el Anal de los trabajos de algunos de los ponencistas de Pornología). Y bajo esas condiciones, el LDC frente al ARCIS (con, contra, él), nosotros con o contra el LDC, los invitados, los auspiciadores y mecenas, con o contra nosotros (y no un Nosotros), movilizarán cada uno sus fuerzas. Debemos simplemente encargarnos, sin ignorar que somos juez y parte, de que tales fuerzas se desaten, (nos) desborden, (nos) sobredeterminen o como quiera que llamemos a la transgresión. Es allí donde ésta se volverán violencia en acto (ni fundante, ni conservadora). Para ello, insisto, la organización y preparación del debate (que nada tienen que ver aquí con su dirección) serán clave.

Joaquín Bascopé

P.D: El posteo a continuación (presumiblemente del miembro Richard) fue casi instantáneamente publicado junto con éste. De ahí la ausencia de referencias entre ambos.

Friday, January 27, 2006

Anotaciones breves

Sabran perdonarme el que esté atrapado entre el animal pornográfico y marxismo oral. Una misma discusion los teje y ésta quedó instalada en las primeras comunicaciones de este blog: la cuestión de lo que Pavez ha llamado los "cuerpos concretos" y los "cuerpos abstractos" o "morales". El argumento en juego es que entre uno y otro está la cuestión, podría decirse, si entiendo bien la formulacion de Naranjo, del dolor. El acto del porno-antropólogo de fines del diecinueve que disecta abstracta y analíticamente el cuerpo colonial para extraer de ahí algo parecido a una verdad y el acto del porno-torturador que disecta concretamente el cuerpo del torturado para extraer de ahí algo parecido a una verdad (en ambos casos, más bien, algo parecido a un secreto) constituirían, siguiendo ese argumento, problemas de distintinta naturaleza. Entre ellos está la experiencia del dolor. Esta especifica el acto del pornotorturador frente al del pornoantropologo. O más bien, especifica la naturaleza del cuerpo sometido al regimen pornico en cuestion, asi fuera este el mismo. Esta cuestión, mis muy estimados Naranjo y Pavez, supone una serie de problemas. No es necesario abordarlos aqui, pero al menos me permito avanzar este punto. Quizás, parafraseando a menar, el problema deriva de una concepcion demasiado estrecha de dolor. En el sentido en que el dolor asi pensado está ya localizado en el cuerpo. Y todo el problema sería el de la ubicación o el de la localización, o mas generalmente el de la aplicacion del dolor. Es decir el de la dimension "productiva" del dolor y el de su economía o incluso y mas bien el de su geografia. El cuerpo es afectado por pedazos de dolor. No hay diferencia en la naturaleza de ambas operaciones pornicas sino en su territorialidad. Tendría que aducirse el problema de una "experiencia del dolor", pero tal argumento no tiene que ver con el dolor: redundaría en esta banalidad bastante inutil que considerar que entre unos y otros cuerpos hay un problema de experiencia. En fin, diganme cómo resuelve ese atasco -Pavez, usted que transita tanto y tan fuerte entre lo concreto y lo abstracto-, que es dificil seguir ecribiendo mientras no salgamos de este embrollo.

Tuesday, January 24, 2006

Consideraciones sobre Marxismo Oral

Compañeros:

Creo que el rendimiento teórico y político que se puede sacar con la producción de un coloquio o evento del tipo “Jornadas pornológicas” o el que se piensa hacer ahora a propósito de “marxismo oral” tiene que ver con la ocupación inusitada de espacios discursivos normativos con tópicos que exceden esa normatividad y que por lo tanto hacen estallar sus márgenes. Lo que es rendir honores al viejo e infinito ejercicio del hacer cruces inesperados entre temas o prácticas aparentemente incompatibles, y que al reunirlas generan un tercer sentido, o una alegoría que se ofrece a lecturas nuevas de tales realidades fragmentadas. Trabajar en la producción de sucesos con estas características es apostar a la transgresión de la “normalidad” y a correr los límites de lo esperado, y a provocar un cambio perceptual o revolución epistemológica a pequeña escala, a hacer dialogar mundos que permanecen por lo general segmentados y autorreferentes... Desde esta perspectiva (entre otras) es que me interesa el proyecto desclasificatorio y en particular los “acontecimientos sociales” que se generan a partir de la preparación de cada Anal.

En relación a “Marxismo oral” me parece que tenemos entre las manos un artefacto inconmensurable, quizás demasiado grande y multifacético que vamos a tener que tratar con mucha inteligencia para no perdernos entre sus pliegues.

Una de esas consideraciones tendría que ser el hecho de que deberíamos definir si vamos a trabajar con discursos vivos, con el marxismo que practica, que teje y produce realidad social, o con aquellos marxismos que han ido siendo fosilizados con el tiempo (a mí me estimula bastante más la primera alternativa que la arqueología).

(He ahí el problema coyuntural-práctico-político que tengo con hacer este evento en la Universidad, y en la Universidad ARCIS en particular, porque es ahí donde el marxismo se ha hecho institución académica, y no sería ningún cruce inesperado o desafío productivo hacer el coloquio en el lugar donde la teoría crítica se ha hecho escuela y producto de mercado. Por eso en principio me resisto a usar el ARCIS como soporte para Marxismo Oral, por lo que eso significa, por la carga semántica de ese gesto y por los intereses que esa institución apareja a todo acto, intereses que son económicos y políticos. Creo además que entraríamos en una cadena ya estructurada (normada), que difícilmente nos permitiría rediseñar, pues es demasiado fuerte el formato)

Lo que no deja de ser sugerente es la posibilidad de que si vamos a convocar a las voces marxistas que sobreviven y encarnan en sujetos concretos, estas se reúnan en un espacio universitario que no acostumbre albergar tales voces.

Otra consideración es aquélla a partir de la que podemos, dando un giro en el espiral recursivo, utilizar formatos del propio “objeto de estudio”, en este caso la historia del marxismo, para generar desde esa misma plataforma un sentido nuevo. Me refiero a la idea ya planteada en algún momento de convocar a una “internacional marxista”, donde estas voces dialoguen. El rendimiento, en ese caso, sería lo extemporáneo, lo anacrónico de un gesto que no se compadece con el actual estado de las cosas. El cruce inesperado sería el propio encuentro de estas voces fantasmales entre sí, y con las posibles nuevas redefiniciones del marxismo. Esto nos permitiría, tal como lo hemos conversado con el Presidente, sacar el evento de la larga y angosta faja y llevarlo a otras tierras (se me ocurre Bolivia, por ejemplo, como buen escenario, a partir de lo que ha pasado con la elección de Evo Morales, el cocalero).

Creo que esto no se contradice con otro formato que se ha mencionado, el testimonio, como posible soporte y recurso del marxismo oral; como fuente de material de registro de las voluntades empeñadas en la historia y que han dejado una diversidad de huellas, más o menos legibles, a lo largo de los siglos XIX y XX.

Ahora, hay un tercer pliegue (o despliegue) propio del marxismo que es la teoría, tanto política como económica que interpreta la sociedad (la explica), y establece procedimientos para su transformación. La producción en este sentido es prolífica, aunque la mayoría de los textos de divulgación y propaganda han quedado como letra muerta (para darse cuenta de ello basta con ir a un persa o venta de libros viejos).

Lo que hay que tener en cuenta desde un principio es que marxismos hay muchos, tantos como realidades a las que ha sido aplicado como herramienta teórica. Sin embargo, hay temáticas y problemas, nudos teóricos que son comunes a la praxis de todos ellos. Creo que tanto el coloquio (internacional) como el Anal respectivo deben centrarse esos tópicos del marxismo que son complejidades que nunca se resuelven, contradicciones en el mejor sentido de la palabra, tensiones, polos hacia los cuales las tendencias se inclinan dependiendo el momento histórico y los intereses que se defiendan, son sus aporías.

Aquí van enunciadas algunas de esas temáticas que me parecen relevantes.

1.- Una de estas contradicciones es la tensión entre teoría y practica, la dificultad de poner en escena una representación del mundo sin traicionarla, el eterno conflicto de empeñar la voluntad en el mundo para su transformación y provocar todo lo contrario, o por lo menos algo no esperado ni querido, algo que devuelve la imagen de la misma voluntad desfigurada, monstruosa. A pesar de lo que el marxismo no puede renunciar a intervenir en el mundo, pues esa es uno de sus rasgos característicos, la conciencia de que la realidad no es inmutable y que, antes que nada, es un producto social, que, por lo tanto, puede ser transformada.

2.- Otro tema es aquel que pone en tensión el concepto de lo “determinante en última instancia”, la ideología o los modos de producción, o una dialéctica entre ambos, una mutua determinación. Esta disyuntiva cobra importancia clave desde que se puede pensar una nueva clase dominante que no requiere de la propiedad de los medios de producción para ejercer su control, sino que le basta con la administración de la información o de los aparatos ideológicos: lo que crea la posibilidad de producir relaciones sociales, producir realidades, que finalmente no es sino la utopía marxista, pero devuelta como dominio total.

3.- Tema clave para la práctica política del marxismo y que es el eje central de lo que se conoce como marxismo-leninismo es el tema de la conducción política. De entender al partido como vanguardia y motor de cambios y como aparato de poder que está diseñado para destruir y reemplazar al estado y establecer una nueva forma de administración, que finalmente se convierte en una nueva forma de dominación.

Este tema lleva aparejado el inevitable dilema de “la importación de la conciencia”, de el hecho de que hay algunos iluminados que tienen el privilegio de poseer herramientas de análisis que les permitan dirimir que es lo que necesita una comunidad y como llegar a esas metas.

4- La transformación de abajo o de arriba, la micro revolución o la gran revolución, los orígenes del cambio, la revolución cultural o la estructural. El individualismo anarquista o la acción colectiva, la revolución molecular.

5.- la teleología, el trabajo por un tiempo futuro, un final o una meta por la cual se puede sacrificar el tiempo presente, como si en el presente no estuviese ya incluída esa meta, sin darse cuenta que al abolir esa meta en el presente también se la está aboliendo en el futuro, pues no se puede trabajar por algo sin que eso ya se actualice, se realice aquí y ahora, si se trabaja por construir relaciones de poder para luchar contra el poder es eso lo que se logra finalmente. Esto implica un concepto del tiempo, que por lo general en el marxismo está asociado a la ideología del progreso: ¿es posible un marxismo desvinculado de la ideología del progreso y de su concepto del tiempo?

6.- La lucha de clases, las clases, la desclasificación. La información, la gestión, la administración del futuro, la sociedad controlada, el estado de excepción como una confiscación del derecho de decidir, la administración total. La abolición formal de las clases, en contraposición a la afirmación real de las diferencias sociales. Una nueva clasificación sin clases. La sublimación de la lucha de clases.

7.- El tema de la enajenación como telón de fondo. Que puede ser uno de los puentes que conecten este anal con el anterior de pornología.

8.- El asunto del funcionario, que está íntimamente relacionado con el de la militancia y del partido. El funcionario es una figura que resuelve el tema de la necesidad de la especialización, de la dedicación tiempo completo de los miembros del aparato burocrático que requiere la vanguardia, el profesional de la política, que una vez involucrado en la dinámica de la adquisición de un salario por su práctica se convierte en un ente dependiente de su puesto y de su rol en dicho aparato, atravesando imperceptiblemente la línea que va de la práctica desinteresada y crítica de la política a la defensa dogmática del puesto y de los intereses personales. La salida a este dilema es que la practica política debe ser un don, un regalo, una acción desinteresada y voluntaria que no tiene precio y que se ejerce sin retribución económica.

9.- Más ontológicamente se pueden encontrar temas que circunnavegan el marxismo y que tienen que ver con el sentido de la acción política, de la visión de la historia, de la voluntad humana, del concepto del hombre, del concepto de la realidad con sus contradicciones y dinámicas internas, sus lógicas y pseudo leyes... temas a los que sería interesante dirigir el debate, tratando de hacer surgir de los discursos políticos estos aspectos ideológicos que se revelan con potencia como principios articuladores y determinantes de las prácticas.

Uno de esos temas es la noción de cambio, que se despliega de múltiples formas, des de la idea de revolución macro social hasta el reformismo socialdemócrata, pasando por el acercamiento a filosofías orientales y las experiencias de socialismo real. La permanente oposición entre la determinación y la libertad, el peso de las estructuras y la capacidad de imaginación de lo otro, lo que no es, el pensamiento negativo, como fundamento de un ser en el mundo.

La constitución de la realidad como un conjunto de prácticas que se materializan en sujetos e instituciones. Lo más abstracto del pensamiento marxista, la conciencia recursiva del observador que se observa, del hacer que se devuelve como transformación de sí mismo, la propia teoría que no es interpretación del mundo sino que es parte del mundo, es acción en el mundo que se interpreta, etc.

10.- Quizás se pueda hacer una estratificación de los marxismos según las etapas de desarrollo individual propuestas por el Dr. Freud, vinculadas a funciones corporales, lo que nos daría una posibilidad de nuevo link con pornología. Tendríamos así un marxismo oral (infantil, que también podría ser denominado según la terminología leninista como enfermedad infantil del comunismo, o etapa edipica del marxismo, en que no hay clara distinción entre la voluntad y la determinación, un marxismo ético, que lee al mundo desde un deber ser ideológico); habría también un marxismo anal (o escatológico), con clara tendencia a la extroversión, a sacar algo de sí mismo al exterior (las heces o el mundo), un marxismo en que las esferas del ser ya están disociadas y se relacionan tanto a través del conocimiento como de la práctica, un marxismo científico, que experimenta con la sociedad como en un laboratorio donde se correlacionan variables y leyes que rigen la historia y el comportamiento (una especie de conductismo social que se dio en llamar materialismo dialéctico, que en todo caso es con mucho más interesante que cualquier sociología); por último tendría que haber un marxismo genital, en que esas esferas antes disociadas se reconcilian, asumiendo una nueva unidad, pero con contradicciones internas (me refiero a la teoría crítica) lo que en cierto modo inmoviliza, aunque no elimina las determinaciones, que ahora se reconocen como conceptuales aunque materiales, inaugurando una etapa masturbatoria o autoerótica del marxismo.

L. Maxwell

Sunday, January 15, 2006

El Animal Pornográfico

Temática general e índice provisorio de materiales para el volumen “El Animal Pornográfico”, segunda serie de los Anales de desclasificación. (dir. André Menard)

I.- Temática general del volumen

πορνή (porné) y τεχνή (tecné) : la pornografía como operador moral y cómo dominio técnico.

La idea es introducir y organizar el recorrido del volumen partiendo del despliegue teórico y documental de la densidad etimológica contenida por el término pornografía en tanto conjunción entre una función económica y moral del cuerpo y el desarrollo de un espacio tecnológico asociado a la imagen como producción y distribución. Esto nos permitirá desarrollar las siguientes líneas de teórico-documentales:

a) Intentar una arqueología de la porné como función y no como sujeto (desde la antigüedad clásica a la prostitución contemporánea).

b) Estudiar el límite exterior de la pornografía en tanto operador moral del sistema de clasificación de las disciplinas y de sus modos de producción de imágenes. En este punto resulta interesante tratar el problema de la historia y la situación actual en la constitución y reconstitución de los campos artístico, pornográfico, científico o publicitario, así como del destino de nociones anexas como vanguardia, espectáculo, sublime, trasgresión , etc. Un eje de esta discusión tiene que ver con la oposición moral entre la escena y su obsceno así como entre lo obsceno y su escena.

c) Estudiar la estructuración interna de la pornografía como expresión moralmente circunscrita de un campo general de clasificación de los cuerpos y los sujetos. Aquí muestra toda su pertinencia el análisis de las formas contemporáneas del porno. Sus clasificaciones, formas de producción y de circulación, etc.

- Falta material y estudios sobre la industria, el mercado y el horizonte porno actual.

d) Pero esto también implica una exploración de sus regiones o derivas epi- o extra-genitales, pensamos en los circuitos snuff asociados a distintos escenarios de violencia. Casos a considerar:

-Fotos de la cárcel de Abu Ghräib

-Videos snuff de la guerra en Kosovo.

-Videos de ejecuciones islamistas.

e) Nos introducimos en la dimensión política de la pornografía. Se trata del nivel referido a la relación entre pornografía y violencia o entre pornografía y dominación o entre la dominación y su espectáculo. Casos a considerar:

-Trabajos sobre informe Valech

En este punto resulta fundamental la discusión teórica desde la perspectiva pornológica con las teorías del género (y la construcción del sujeto femenino), con las teorías poscoloniales (y la construcción del sujeto subalterno) y con la construcción jurídica de clases sexuales (y la construcción del sujeto pedofílico).

f) Estudiar la dimensión tecnológica de la pornografía ya no sólo en lo referido a los medios y soportes de registro y difusión de imágenes, sino que en su relación tecnoscópica con el cuerpo. Se trata de hacer esta vez la arqueología de la pornografía como exhibición de un funcionamiento (corporal). Esto nos remite en primer lugar a los textos de Descartes sobre los animales y los autómatas y luego a las filosofías materialistas del siglo XVIII[1]. En el siglo XIX se expresa en las teorías higienistas y las políticas de salud pública, marcadas por un virulento contenido anti-pornográfico fundado sobre todo en el temor a la baja de la natalidad, la degeneración de la raza y sus consecuencias en el plano político-militar.

- Para un ejemplo contemporáneo de ingerencia estatomilitar en la función reproductiva de las masas, ver el trabajo de Leonora Reyes sobre la política de fertilidad de la Junta de Gobierno en Chile.

g) Esta perspectiva se enlaza con las prácticas de desmembramiento literal y figurado de los cuerpos en los sistemas de clasificación operados por la criminología y la antropología física. La idea es ver las líneas de continuidad entre esta perspectiva maquínica del cuerpo y las expresiones más recientes del espectáculo pornográfico[2].

-Ver infra: Dossier teratología, antropología y colonialismo: genealogía de la clasificación pornográfica.

Resulta interesante ver en este punto la relación entre los mecanismos de obturación del nombre propio del sujeto pornologizado al volverse objeto de clasificación, y las técnicas paralelas de asignación de indicios identificatorios por las máquinas de registro civil, policial, colonial y sicoanalítica entre otras.

h) De lo anterior se deriva como quinto punto a tratar la relación entre pornografía, modos de producción (del cuerpo o de imágenes del cuerpo), espectáculo y alienación, analizando sus consecuencias para el sujeto pornográfico desde la perspectiva de la soberanía y el placer-deseo. La idea es deconstruir en esta operación la serie de supuestos y restauraciones morales que pueden refundar la funcionalidad moral de la pornografía en cada uno de estos niveles. En términos teóricos esto implica una relectura de la teoría marxista de la alienación y de la teoría situacionista del espectáculo (esto nos devuelve al punto e)[3].

II.- Documentos para él o los dossiers ad-hoc:

-Fotografías de prostitutas s. XIX y XX (Valentina Montero)

-Artículo Dra. Laura Cházaro sobre historia de la ginecología.

-Artículo María Conde sobre imagen de la prostituta en Buenos Aires en el siglo XIX.

-Artículo de Merle Mandaat sobre el klokensignalenpornographie o lenguaje pornográfico con golpes en los muros desarrollado por las presas en las cárceles holandesas en los años ’60.

-Diferentes corpus de fotografías etnográficas y criminológicas (ver trabajos de Jorge Pavez y de Gastón Carreño) .

-Passy, Frédéric 1891.- “La machine humaine” y “la liberté de la pornographie”.- en actas del congreso de Marsella de la Association française pour l’avancement des sciences, Marsella: Association française pour l’avancement des sciences.

Estos artículos de Passy presentan el interés de ilustrar en forma clara la estrecha relación tejida a finales del siglo XIX entre por un lado los movimientos de tecnificación maquínica del cuerpo así como de la masa nacional o racial que se intenta administrar (“la machine humaine”) y por otro la instalación de la pornografía como operador moral de esta doctrina administrativa (“la liberté de la pornographie”). Mientras que en el primer texto Passy intenta demostrar la utilidad de considerar el cuerpo como una máquina a la que hay que sacarle el máximo rendimiento a través de una vida higiénica y sana, en el segundo denuncia los peligros de la no regulación de la literatura y de los espectáculos que él llama “pornográficos”. El texto comienza por una puesta en relación necesaria entre economía y orden moral. Luego señala el peligro que presenta la pornografía en esa época a diferencia del pasado debido al progreso y masificación de la educación y al de las tecnologías e industrias de difusión y de reproducción de los materiales pornográficos. Concluye que la pornografía, al inculcar deseos malsanos en la población, constituye un freno a la productividad, baja los salarios y produce descontento social y criminalidad. Así mismo señala que los problemas morales tienen consecuencias materiales en la calidad y la cantidad de la población (fantasma de la degeneración) lo que implica un problema de carácter nacional (Cf. un texto más o menos contemporáneo, en que se desarrollan los mismos supuestos: Docteur Gébé s/f .- Manuel d’hygiène).

III.- Dossier: teratología, antropología y colonialismo: genealogía de la clasificación pornográfica

Como lo señalamos arriba, este dossier se asocia directamente con el punto g) del dossier introductorio. Se presentan una serie de materiales extraídos del campo disciplinario biológico-antropológico entre 1820 y 1930, que abren una perspectiva genealógica a las formas actuales y restringidas del modo de producción pornográfico de imágenes. De esta forma se traza por un lado una línea de filiación científica de la pornografía en sentido restringido y actual, hasta las disciplinas pornoscópicas del siglo XIX, y por otro lado se le emparenta sincrónicamente con las formas actuales de la ciencia social.

-Geoffroy-Saint-Hilaire, Isidore 1822.- Philosophie anatomique des monstruosités humaines.- Paris: chez l’auteur, rue de Seine-Saint Victor, de l’imprimerie de Rigoux (550 pp.) [fragmentos]

En esta obra encontramos descripciones de tipos de monstruos clasificados por Isidoro y un capítulo de “consideraciones” según las cuales “se deducen las reglas para la observación de los monstruos y para su clasificación”.

-Geoffroy-Saint-Hilaire, Isidore 1837.- Histoire générale et particulière des anomalies de l’organisation chez l’homme et les animaux ; ouvrage comprenant des recherches sur les caractères, la classification, l’influence physiologique et pathologique les rapports généraux, les lois et les causes des monstruosités des variétés ou des vices de conformation, ou traité tératologique.- Paris : J.B. Baillière, 4 tomos el IV tomo consiste en un « Atlas des monstruosités ». [fragmentos]

En esta obra Isidore desarrolla en extenso su teoría. Comienza con una introducción histórica señalando las principales etapas en el estudio de las monstruosidades. En el tomo 2 encontramos detalladísimas tablas de clasificación de las monstruosidades. En el tomo 3 se postula la “reducción de las leyes de la teratología a las leyes generales de la organización”. El cuarto tomo o atlas de monstruosidades, contiene una serie de 20 planchas con grabados de monstruos.

-Testut, Léo 1884.- Les anomalies musculaires chez l’homme.- Paris : G. Masson. [fragmentos]

Algunas páginas del principio del libro nos muestran la metodología utilizada por el autor a través de su análisis y comparación del sistema muscular de los animales entre sí. El capítulo segundo trata sobre las “variaciones del sistema muscular según las razas”. Allí encontramos sus escalofriantes descripciones de disección de “sujets nègres”, buscando “anomalías musculares”. Finalmente debe reconocer (pese a su intuición, y la intuición aceptada en la época) que con las pruebas con que cuenta no pude afirmar que la raza negra posea más anomalías, o anomalías específicas que la diferencien de la raza blanca. Lo interesante de este texto es el trato pornográfico de los “sujetos negros”, marcados por el sello del anonimato y del desmembramiento, así como la perspectiva comparativa del autor que sale de la simple linealidad de las filiaciones evolucionistas mono-negro-europeo incorporando la comparación horizontal con otras especies.

-Loth, Edgard 1931.- Anthropologie des parties molles (muscles intestins vaisseaux, nerfs périphériques).- Varsovia: Fundación Mianowski - Paris: Masson et Cie. Éditeurs. [fragments]

Se trata de una refutación de la conclusión final de Testut en el sentido de la no difere3nciación muscular entre negros y blancos. Según Loth la cuestión está en hacer análisis de serie, no individuales. Así mismo retoma de Testut el considerar las anomalías musculares como “atavismos” que resurgen en ciertos individuos (idea que a fines del XIX operaba paralelamente en el campo sicológico y criminológico). Sin embargo le critica como poco moderno su método comparativo al intentar explicar anomalías en el hombre por formas lejanas como pájaros y reptiles. Loth opta por un método estadístico que le permite determinar según cada músculo u órgano el carácter progresivo o primitivo de la población que lo presenta. El resto del libro presenta tablas e ilustraciones de órganos junto con sus datos estadísticos comparados: peso ancho, largo etc. (contamos con los capítulos dedicados a los riñones, apéndices, caecums, penes, testículos, vulvas y vaginas).

IV.- Dossier anexo: Antropología, raza, nacionalismo y espectáculo.

- Sub-dossier mapuches y fueguinos en los zoológicos humanos.

Contamos con una serie de artículos de la revista Nature con descripciones de los fueguinos exhibidos en el jardín de aclimatación así como con algunos grabados en que aparecen. También contamos con artículos del Bulletin de la société anthropologique de Bordeaux, con descripción de los mapuches exhibidos en 1883. También hay artículos sobre su exhibición en Bruselas y sobre el segundo viaje mapuche en 1901. Es posible que entre los órganos que Loth utiliza en sus estudios se encuentren los de dos de los fueguinos exhibidos en París en 1881.

- Sub-dossier: Araucanismo, espectáculo y pornografía nacionalista. El problema de la degeneración y de la regeneración de la raza

-Matus, Leotard 1915.- “Instrucciones para el estudio de la antropología araucana”.- en Boletín del Museo Nacional tomo VIII, Santiago: Imprenta Universitaria.

-Guevara, Tomás 1908. - Psicolojía del pueblo araucano.- Santiago: Imprenta Cervantes

-Oliver Schneider Carlos 1932.- Los Indios de Chile. Lo que actualmente se sabe sobre ellos.- Concepción: extalleres tipográficos de “el Sur” de J.A. Aleaga.

En estos trabajos se encuentran referencias tanto a la antropometría mapuche como a la idea preponderante en aquella época de la degeneración de la raza y de su inminente extinción. Paralelamente se montan los discursos científicos folclóricos y nacionalistas en torno a la raza chilena.

V.- Dossier: traducción y pornografía

- Documentos relativos a la junta convocada para el examen de la Doctrina enseñada en el catecismo en lengua Guaraní (copia bilingüe de la versión original editada por Pedro Lozano). En Charlevoix, Pierre-François-Xavier de (1682-1761) 1756.- “Pièces justificatives”.- en Histoire du Paraguay, 3 vol., Paris, Desaint & Saillant, rue S. Jean de Beauvais : David : Durand, vol. 3 (¿?)

En este dossier se reproduce la discusión llevada a cabo en 1656 , sobre la corrección doctrinaria de ciertas palabras utilizadas en el catecismo con que se trabajó la educación religiosa de los guaraníes del paraguay. La discusión se centra en el uso de cuatro palabras: Membig por hijo de nuestra señora la Virgen Madre, Taygra por Dios hijo, Tupá por Dios, Tubá por Dios Padre. El arzobispo de Buenos Aires constata que a la luz de un diccionario estas palabras significan Membig: “hijo avido por fornicación, y copula carnal con el varon, y junta de su humor”; “Taygra significa polucion y esperma del varon; que Tubá y Tupá son nombres propios de Demonios”. El caso llega hasta el rey de España. Finalmente serán oídos los descargos de los misioneros paraguayos, fundándose finalmente en el hecho de que no se podían perder casi cincuenta años de catecismo ya hecho.

- Otros documentos para el dossier: traducciones de proverbios bambara al francés y sin traducción cuando el contenido es de carácter salaz (en Maurice Delafosse & Moussa Travelé), traducciones de proverbios sexuales mapuches al francés (Guevara), referencia a las traducciones al latín de los pasajes más pornográficos del Psychopathologia Sexualis de Krafft-Ebing y en los de la Historia del Santo Oficio de la inquisición en Chile, por José Toribio Medina.

VI.- Artículos (y traducciones)

- Antivilo Julia 2005.- El cinturón de castidad: prótesis en las mentalidades de las mujeres latinoamericanas.- ponencia presentadas en las I jornadas internacionales de pornología en la U. de Valparaíso.

- Egaña Daniel 2005.- Sospecha / Delación: Autorregulación del disciplinamiento social.- ponencia presentadas en las I jornadas internacionales de pornología en la U. de Valparaíso.

- Fernandes, Bruno s/f .- L’ordre ityfallique, más documento anexo: correo de B. Fernandes comentando las jornadas de pornología.

- Naranjo, Rodrigo 2005.- El ojo del cíclope.- ponencia presentadas en las I jornadas internacionales de pornología en la U. de Valparaíso.

- Pavez, Jorge 2005.- Deseo y dominación colonial: pornografía etnológica y moral nacionalista.- ponencia presentadas en las I jornadas internacionales de pornología en la U. de Valparaíso.

- Perillán Luis 2005 .- Video animación pornográfica japonesa.- ponencia presentadas en las I jornadas internacionales de pornología en la U. de Valparaíso.

VII.- Reseñas

- Lem Stanislas 1971.- “Sexto viaje de Ion Tichy”.- en Diario de las estrellas, Barcelona: Bruñera (1979).

- Análisis pornológico de la prensa nacional

- Prodhon, Joseph 1875.- La pornocratie ou les femmes dans les temps modernes.- Paris: Librairie Internationale. Reseña por Jean Godefroy Bidima.

- Durkheim, Emile 1911 .- « Débat sur l’éducation sexuelle»- en: Bulletin de la Société française de philosophie, 11, 1911, pp. 33 à 47. Reproducido en Durkheim, Émile 1975.- , Textes. 2. Religion, morale, anomia- Paris: Éditions de Minuit,, Collection: Le sens común, pp. 241 à 251. Reseña por Jean Louis Fabiani.

VIII.- Otros dossiers posibles:

- Dossier: Selección de las actas del coloquio Les cicatrices: des plaies pensées? Realizado entre el 19 y el 20 marzo del 2001 en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (ver detalle en documento adjunto).

- Dossier canibalismo

- Dossier clases sexuales: la emergencia del pedófilo.



[1] En particular a la obra de Julien Offray de La Mettrie L’homme machine (el hombre máquina).

[2] Por otro lado resulta pertinente revisar desde la pornografía la lectura heideggeriana de la relación entre ser y técnica.

[3] Así mismo cabe aquí una relectura amoralizante del trabajo de Bataille para explorar la relación entre sacralidad, trasgresión, gasto y pornografía (cf. también Durkheim, Émile 1911.- “Débat sur l’education sexuelle”- in Bulletin de la Société française de philosophie, 11, 1911, pp. 33 à 47, ver infra)

Friday, January 13, 2006

Les cicatrices des plaies pensées?

Coloquio Les cicatrices des plaies pensées? Realizado entre el 19 y el 20 marzo del 2001 en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales.

Portier, Corine.- Des cicatrices féminines. Excision et gavage dans la société maure de Mauritanie


Dans la société maure de Mauritanie, qui est une société arabo-berbère, les femmes connaissent deux types d’inscription de leur féminité sur le corps. Le premier processus est l’excision ayant lieu quelques jours après la naissance de la fillette qui consiste à couper une partie du capuchon du clitoris. Le second processus est le gavage qui consiste à donner à boire des calebasses entières de lait aux fillettes de six ans afin qu’elles grossissent rapidement. Ces deux pratiques bien qu’inversées – puisque dans le premier cas il s’agit d’ôter et, dans le second, d’ajouter – sont dans leur finalité identiques. En réalité, il faudrait parler de finalités au pluriel car les raisons de ces pratiques, bien que non avouées, sont plurielles. Comme nous le montrerons, la femme excisée et gavée porte sur son corps les traces de son statut de femme. Ces formes de cicatrices sont des " pense-bêtes " de sa féminité rappelant toujours à la femme les valeurs qui sont siennes. D’autre part, ces pratiques participent de la " distinction " en tant qu’elles distinguent les femmes nobles excisées et gavées des femmes esclaves qui ne le sont pas.

Miské-Atondi, Ibéa.- Les scarifications. Une écriture du désir ?

Si la dimension singulière de la cicatrice ouvre l’horizon de la transcendance comme souvenir de la rencontre avec l’univers du sacré, elle renvoie aussi à une mutation qui dans son lien à la sexualité introduit un rapport à l’altérité avec la mixtion des genres. L’ouverture qu’opère la blessure des scarifications, du point de vue esthétique, loin de séparer le masculin et le féminin comme dans certains rites de circoncision et d’excision, vise à produire un être complexe. Un être dont la responsabilité au sens moral réside dans son incomplétude et dans sa bivalence sexuelle, par cette manière dont il s’offre au regard de l’autre à travers ses ouvertures que sont les scarifications, véritables éloges des figures marginales du désir : apologie de la fête, manifestation de la cruauté, valorisation de l’excès, de la perte et de la dépense au travers de la parure, métamorphoses de la souffrance en allégorie de la reproduction et de l’existence.

Deparios, Stéphanie .- La ville, une surface trouée

L’effectivité de la cicatrice n’est pas nécessairement liée au corps, elle peut lui être extérieure et agir avec force, voire perversion. La ville est aussi le lieu de cicatrices physiques et ressenties. Le vocabulaire architectural contemporain manipule ces notions organicistes : on parle aujourd’hui de greffes urbaines, de coutures de tissus urbains…

Il s’agit ici d’étudier ces formes d’interactions et de correspondances entre l’homme et son environnement et le pouvoir que l’un et l’autre s’accordent, notamment au travers de l’intervention de l’architecture dans la mémoire des villes. Pour se faire, je propose d’exposer une série d’exemples de lieux dits meurtris qui permettraient de rendre évidente l’influence exercée par le cadre de vie sur la sensibilité de l’individu ou du groupe. Puis de convoquer un cas extrême qui est celui de la ville de Sarajevo, qui traverse une période de recomposition de ses liens sociaux après quatre tragiques années de guerre.

Adohane, Taoufik.- Les cicatrices dans l’âme des migrants

L’émergence de la souffrance psychique chez les migrants fragilisés par la rupture, pose l’inévitable recours au corps comme support ultime d’expression. Ce support sert de surface cristallisant les traces (peu visibles) du parcours de Vie et du Voyage. Les symptômes psychiques apparaissent sous un visage " organique " et légitiment la recherche — en vain — de traces concrètes. Face à ce " néant " dans le corps, le tracé médical renvoie la souffrance du sujet dans le lieu " psychique ". Mais ce lieu qu’est l’âme, n’est autre que le corps. Désormais, les symptômes invisibles deviennent des cicatrices audibles.

Beaufils, Jean-Baptiste.- Le laçage de l’imaginaire

La psychanalyse de Freud considère le symptôme comme une plaie psychique non cicatrisée. Elle considère également que le récit est considéré comme un parasite qui a sa propre vie dans un organisme vivant cellulaire, son hôte. Cette plaie exprime les rapports difficiles qu’entretiennent langage et organisme. C’est l’imaginaire qui régule les relations de ces deux systèmes par des phénomènes de plaisir et de déplaisir. Des exemples de ma pratique de psychanalyste témoignent que la blessure, qui est la symptôme, est repérable soit dans l’imaginaire, soit dans l’organisme, soit dans le langage lui-même. Mais il faut pour cela que des représentations habituellement inconscientes et refoulées soient démasquées. Il m’a fallu un certain temps pour accepter de croire ce que j’entendais… se voyait et constituait une connaissance. En particulier, une pensée constituée de représentations spatiales particulières, faite corps imbriqués, montre que notre forme humaine n’est pas en concordance avec notre forme imaginaire. C’est foncièrement à partir de ces figures données à lire que la psychanalyse peut opérer et redonne à la fonction de l’imaginaire son véritable rôle.

Moreno, Daniel.- En corps parlé

Descriptif du travail du thérapeute : il s’agit de résoudre la " demande du jour " en l’envisageant comme signe émergent d’un véritable édifice englouti dans l’histoire du patient. Le corps invente ainsi des solutions pour continuer à échanger avec le monde dans un confort général acceptable, jusqu’à l’échec d’adaptation qui motive la consultation.

L’enchevêtrement des situations constitutives de cette histoire du patient sera traité dans l’ordre qui plaît au corps, il ne sera donc ni chronologique, ni hiérarchique. La mémoire s’actualise en effet par une succession de résolutions mises en scène par les appuis modulés du thérapeute, au cours d’un dialogue de " tissus à tissus ", qui s’accompagne parfois du souvenir anecdotique.

La demande du patient est reçue comme extra-ordinaire. Rompant le temps mesuré elle met le monde " à genoux ". Le patient n’est jamais dénudé lors de la séance, il reste l’acteur principal d’une réconciliation émouvante (et émotive) avec son corps.

Villey, Colette.- La prostitution déshumanise les corps.

La dualité du visible et de l’invisible caracté rise la prostitution. Les trois partenaires : personne prostituée, proxénète, client, vivent une démarche d’extériorité et d’intériorité. Il sont dehors et dedans. En dehors et en deans. Ici et ailleurs. En accord et en opposition.

La prostitution annule les corps, mais les met en scène. Comme en un théâtre, où devant le rideau se joue la comédie de la liberté, de l’amour et de la vie. Et, dans les coulisses, le drame du désespoir, de l’enfermement. De la destruction.

Liwerwnt, Sara.- Empreintes de l’enfermement du corps

L'incarcération d'un Sujet voit un corps affecté par l'enfermement laissant des traces tant en prison qu'une fois au dehors. La problématique de la cicatrice requiert d'envisager ce qu'elle peut révéler, comment elle peut se dévoiler, et se transmettre à travers les générations. La mise en relation de témoignages de détenus, de prisonniers libérés, de leurs familles permet réinterroge les liens établis entre la mémoire et le corps.

Beufils, Thomas.- Coup de couteau dans la toile

En février 1888, Vincent Van Gogh part s'installer à Arles. En octobre, Gauguin l'y rejoindra. Après deux mois de vie commune, leurs relations se détériorent. Selon le témoignage de Gauguin, dans la nuit du 23 décembre, Van Gogh le menace avec un rasoir. Apeuré, Gauguin sort alors précipitamment et prend une chambre d'hôtel. La même nuit, Vincent a une crise de folie et se coupe une partie inférieure de l'oreille gauche qu'il enveloppe dans du papier journal pour aller la porter en cadeau à Rachel, une prostituée. Quelques mois plus tard, il peint ses deux autoportraits à l'oreille coupée. Autre temps, autre époque, en décembre 1997, à Amsterdam, le tableau de Barnett Newman " Who is afraid of Red, Yellow and Blue (1957)" est lacéré de coups de couteaux par un homme que l’on dit déséquilibré. Mais ne serait-ce pas plutôt l'ambiance vraiment très étrange de ce tableau qui l’a poussé à commettre cet acte ? Mal à l'aise devant le rouge surtout, qui happe et saisit brutalement, les visiteurs sont souvent pris d'un désir de faire disparaître cette toile. Cette communication sera l’occasion de rappeler la récurrence des coupures, des plaies et des cicatrices sur les toiles des tableaux contemporains ou plus anciens à travers également les réprésentations du Christ sur la croix, des martyres et de la figure de Saint Sébastien transpercé de flèches. Les artistes peignent au "couteau", un couteau inoffensif, mais dont les marques pourtant ne sont pas sans conséquence…